“Gitanería”: Una obra en tres actos.

Tres personajes. Tres actos.

Primero, el elenco:
Persona A: quien puede ser, o no, un servidor.
Persona B: un compañero de trabajo.
Persona C: el jefe.
Si les confunde leer “personas A,B, y C”, siéntanse en libertad de leer “Brad Pitt” en lugar de Persona A; “Rafael Inclán” en lugar de persona B; y “La Pájara Peggy” en lugar de Persona C.

ACTO I
Las personas A y B llegan juntas al trabajo un martes, como la mayor parte del tiempo. Existe esperanza en ambos de que esta semana sea como la anterior, en la que trabajamos dos dias juntos, y entre miércoles y jueves trabajó solo uno de los dos. Justo, porque así, cada uno trabajó tres días.
La persona B revela a la persona A que la persona C le informó que así sucedería. Cambiando el rol del día de trabajo, ahora la persona A trabajaría el miércoles, mientras la persona B lo haría el jueves. A la Persona A le había cagado descansar el miércoles y tener que ir a trabajar el Jueves.

ACTO II
Media hora después, la persona B informa a la persona A que la persona C ha decidido cancelar todo. Solo habrá trabajo dos días esta semana, dice.
La persona A consulta otro tipo de asuntos directamente con la persona C, momento en el cual sale a relucir que la persona B va a trabajar el miercoles, pero que no hay trabajo para el jueves. Esto levanta sospechas en la persona A, pero la persona C le asegura que la próxima semana le tocará a él.
La persona A sospecha durante todo el día de la mentira de la persona B, y lo molesta frecuentemente con frases como: “entonces ya nadamas trabajamos hoy….”, y “ojalá hubiera trabajo mañana”. La persona B hunde la mirada cada vez más, comprobando las sospechas de la persona A. Pero la persona A es mamonsísima; le encanta hincar el codo en las costillas de los que pretenden verle la cara.
En el viaje de regreso a casa, la persona A sigue chingando. Por decirlo de alguna manera, las personas A y B comparten el mismo edificio. Al bajar del auto, la persona A decide lanzar una piedra más al río: “bueno, pues a disfrutar estos cinco días de descanso”. “ajá”, dijo entre dientes la persona B.
La persona A ríe a sí mismo, mientras busca sus llaves en sus bolsillos.

ACTO III
Si bien la persona A tiene una forma optimista de ver las cosas, siente que no había necesidad de que le quisieran ver la cara. No se siente molesto porque le hayan quitado la oportunidad de ir a trabajar un día – él lo ve así: con el apoyo del gobierno, en resumen pagó el 45% de su salario de ese día por el privilegio de que el gobierno le dé el 55% de su salario diario por hacer cosas normales como quedarse en casa, ir a comprar cerveza, y ver Transformers, cosa que había querido hacer desde hace mucho – se siente ofendido. Ofendido por una situación en la que ni siquiera había necesidad  de mentir. Ofendido porque le quisieron ver la cara de pendejo. Ofendido, quizá, porque la persona B le clavó una daga en la espalda, sin necesidad.
Pero la persona A no tenía pruebas. Que tal si la persona B estaba diciendo la verdad? Que clase de mal amigo sería la persona A al dudar de alguien como la persona B?
Pero la persona A es una persona inquieta. Su mente no se satisface con el instinto. Requiere de pruebas.
A la hora normal de salida al trabajo de las personas A y B, el miércoles la persona A sale “casualmente” a fumar un cigarro, y en efecto, escucha salir a la persona B.
En el transcurso de la tarde, la persona A sale en repetidas ocasiones a fumar. El auto de la persona B jamás aparece en la cochera.
A la hora normal de llegada, la persona A interrumpe su función de Transformers, justo en la batalla climática, para comprobar su teoría. Su pretexto es, como lo imaginan, otro cigarro. Efectivamente, la persona B llega, se estaciona, y se mete a su casa.

Fin.

Qué pequeña es la gente, la verdad. Pudiendo hablar claro, pudiendo repetir las palabras de la persona C y decir “esta semana me toca a mi, la próxima te toca a ti”, prefieren recurrir a mañas y mentiras, a creer que soy un perfecto pendejo. La verdad resulta una prueba muy difícil para algunos, todo por ganar el 45% del salario de un día.
Al menos ya sé con quiénes trato trata la persona A.

The Iceberg.

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