Fin de Semana

Pues ahora sí que no me puedo quejar del clima. Este fin de semana (4 días, para ser exactos) estuvo muy agradable. Ya hoy lunes amaneció lloviznando, pero desde el jueves hasta anoche se mantuvo muy bien.

Jueves
En la semana le pregunté a mi vieja qué quería hacer en el fin de semana. Me dijo que fuéramos a caminar a algún lugar que no conociéramos. Inmediatamente pensé en Riverside Park, uno de tantos parques que hay aquí en mi pequeña aldea. De hecho, uno de los más “importantes”, donde se llevan a cabo la mayoría de las festividades locales.

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Caminamos un par de kilómetros “río arriba”, hasta el fin del parque, por un caminito. Me imagino que en verano se ha de ver más bonito, porque ahora nos tocó caminar entre lodo y árboles aún sin hojas. Nos tocó ver gansos, patos, gaviotas y cuervos en el río, y ardillas por todos lados. Gente corriendo, paseando a sus perros, y niños paseando en bicicleta.
Llegamos hasta donde termina el parque, subimos a la avenida, cruzamos el puente y recorrimos el caminito del otro lado del río, donde están todas las áreas de juego y de picnic – la parte del parque mejor cuidada.

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Llegamos al final del recorrido, y como lo habiamos planeado, nos dispusimos a ir a comer. Apenas íbamos cruzando la avenida hacia la parada cuando vimos pasar el camión. Chale. Tener que estar sentados en la parada 20 minutos hasta que pasara el otro.  Finalmente tomamos el camión y llegamos al centro, a tomar el otro camión – el que nos llevaría al King’s Buffet.
El plan era ir al parque, después ir a comer al buffet chino, y de ahí caminar al supermercado para hacer las compras de la quincena (y de paso, pasar por un cartón de cervezas…).
No subimos al segundo camión, y detrás de nosotros se subió una señora. Muy sonriente, la ñora, y de apariencia normal. Hasta que de pronto se puso sus audífonos y nos regaló una rendición (bastante mala, por cierto) de La Isla Bonita, de Madonna. Después de eso, entabló por el resto del camino una conversación con sus manos. Nunca supimos si estaba peda o de plano le faltaba un par de tornillos.
Llegamos al buffet, y lo desquitamos como debe ser. Sigo sin entender a la gente que va al buffet y se sirve arroz, pero quién soy yo para juzgar. La mayor parte de mi festín fue pescado, camarones, pollo, papitas asadas y sushi. Hasta postre agarré. El pay de limón estaba delicioso, al igual que el pastel de mousse de mango.
A todo esto, de último minuto decidí no cargar con mi teléfono, por lo que no teníamos forma de saber la hora. Cuando pedimos la cuenta, vi el recibo y vi que decía 6:55 PM. “Perfecto”, dije. “Tenemos dos horas para hacer las compras y pasar a la cervecería”.

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Llegamos al supermercado, compramos las cosas, y me dirijí a la Beer Store. Me la cerraron en la jeta. Resulta que la pendeja caja registradora del Buffet todavía tiene el horario de invierno y en realidad salimos de ahí a las 7:55. Esto lo corroboré checando el ticket del supermercado, donde efectivamente pagué a las 8:59. Supongo que llegué a la Beer Store a las 9:03, demasiado tarde como para poder entrar. Eso me cagó.
Tomamos un taxi a la casa, y como ya era de noche no nos fijamos bien a la hora de bajar las cosas de la cajuela. Le dimos, sin querer, 3 dólares y 3 litros de leche de propina a la taxista.
Ya en casa, frustrado por mi falta de cerveza, noté que me dolía un poco la cara (más que de costumbre… siempre me duele la cara de ser tan guapo :p). No era para menos. El recorrido en el parque lo hicimos en pleno solazo.

Viernes
El viernes en la tarde fuimos de regreso al mini-mall donde la noche anterior habíamos hecho las compras. Se nos había olvidado comprar un par de cosas, y yo iba por mi cartón. Terco.
Al estar pendejeando en el Zellers me acordé que mi lámpara de escritorio se me había descompuesto, y vimos una en 5 dólares, por lo que me la traje.
Al estar buscando extensiones para ver cómo acomodaba la lámpara caí en cuenta de que lo que no servía era la conexión. El enchufe, vaya. Mi lámpara original funcionaba perfectamente. Ahora tengo dos lámparas de escritorio.
Ya en la noche me tomé algunas de mis cervezas y rockeamos un rato.

Sábado
Mis hermanas fueron a Toronto. Yo quería ir a apoyarlas. Subieron la CN Tower a pata, en una beneficencia para la WWF (siento extraño escribir WWF y no referirme a las luchas, sino a la organización esa de animales). Si no tuvieran que regresar con tanta prisa, hubiera ido. En mi mente, ya tenía todo el día planeado. Iba a ir al Kensington market, donde había descubierto que hay varias tiendas “hispanas”, en donde podría comprar queso oaxaca y chorizo. Además, había un juego de los Blue Jays (le ganaron 4-2 a los Atléticos).
Después de la comida, decidimos que el clima estaba agradable como para ir a caminar. Era la primera vez en el año en que el termómetro superaba los 20 grados centígrados. De hecho, estábamos a 22°.
Me adelanté porque quería fumarme un cigarro, y mi vieja estaba aplicándose los toques finales en su apariencia. Noté que a dos casas de aquí un vecino que se está mudando tenía una especie de venta de garage, y vi que tenía una mesita que me gustó. Me pidió $20. Era todo lo que me quedaba para la quincena, pero mi vieja también fue de la opinión de que la mesita era más necesaria que, digamos, más cerveza.
La metimos a la casa, y ahora sí nos fuimos a caminar. Aproveché y me llevé la bicicleta para echarle aire a las llantas. Ya casi es temporada de bicicleta otra vez.

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Caminamos un chingo. Yo me cansé más porque le daba a la bicicleta, me regresaba, subía colinas, me metía a pedalear entre pasto, tierra y lodo. Pero al menos todavía tengo más condición de la que esperaba tener, despues de 5 meses de no subirme a la bicicleta.

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Después, en lo que acomodábamos la mesita nos dió la gana de empezar a limpiar a fondo la casa. Mientras yo me deshacía de torres y torres de cd-r, ella se metió a la cocina e hizo milagros. Nos deshicimos de una cantidad de frascos, botes y recipientes que habíamos guardado “por si se ofrecían”, y que nunca se ofrecieron. Quedamos en que el domingo le seguiríamos.

Domingo
Salvo porque mi vieja se fue a misa en la mañana, no hicimos absolutamente nada de provecho en todo el día. La intención de seguir recogiendo se quedó en eso, en intención. Nos dedicamos de lleno a la hueva dominguera, a pendejear en internet, a jugar con jueguitos que le había cargado al iphone, y en mi caso, a beber cerveza.
En la noche vimos un par de películas. Strange Wilderness no nos gustó, y The Game Plan estuvo entretenida. El único problema es que parte de la trama tiene que ver con un papá y su hija a la que no conoce del todo. Eso me rompió la madre. Extraño a mi hija.

Y pues bueno, ya es lunes y todo vuelve a la normalidad. La rutina de trabajo. Aunque solo por 3 días.

The Iceberg.

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