Aspectos “positivos” de la crisis económica

No quiero que quienes lean este blog se lleven la impresión de que lo único que escribo es “me caga esto…” o “me caga lo otro…”. No quiero dar la impresión de ser una persona negativa, amargada y pesimista (“demasiado tarde, cascarrabias!”, dirán ustedes). Por lo que el día de hoy nos concentraremos en algunos aspectos positivos de la crisis económica.
Si bien una situación como la actual no tiene ninguna ventaja real, es hora de dejar de ver el vaso medio vacío, y aunque tampoco está medio lleno, podemos extraer algo bueno de las tres gotitas que le restan.

En cuanto a salud, podemos empezar por decir que en lo que va del año, y con la excepción de una botella de 750 ml. de tequila, no he tomado pomo. Sí, de vez en cuando compro un 24 de cerveza, pero es porque rinde más. Al menos mi hígado ha tenido un periodo de recuperación de aquellas épocas en las que me podía dar el lujo de comprar (e ingerir) cantidades de alcohol que harían sonrojar a José José.
Otro aspecto relacionado con la salud es que han quedado lejos los días en que por la flojera de preparar comida aqui en la casa tomaba el teléfono y ordenaba pizza; salía de la casa a mi antojo a comer en el buffet; compraba chingadera y media en el supermercado. Haciendo actos de consciencia, a la hora de elegir entre una caja de galletas y una bolsa de calabacitas, siempre termino por comprar las calabazas, por ejemplo.
Y, en cierta manera, aunque no he hecho mucho uso de este aspecto, porque las condiciones climáticas todavía no lo permiten, tengo un poco más de tiempo para hacer actividades al aire libre como salir a caminar, correr, o desempolvar la bibicleta.

En cuanto al tiempo, con esto de que la planta donde trabajo ha reducido sus actividades a 3 días, he tenido muchísimo más tiempo libre. Por desgracia no lo he aprovechado como debería para hacer cosas de provecho – por el contrario, me he puesto a ver películas a lo pendejo, o TV… pero ya quiero empezar a hacer cosas que antes quería hacer y no hacía “por falta de tiempo”. La semana pasada tomé un paso importante para ello, sacando una torrecita de libros de la biblioteca. Solo falta leerlos, ja.

Por último, los efectos a largo plazo, si todo sale bien, serán que cuando se recupere la economía y vuelvan los tiempos de “abundancia”, estaré acostumbrado a la vida que me he obligado a llevar ahora que las cosas andan mal, y quizá ahora sí pueda empezar a ahorrar como debería.

Así que como ven, aunque la situación está “color de hormiga”, todavía soy capaz de verle el lado positivo a las cosas.

The Iceberg

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