Don Zeferino

Una de mis anécdotas favoritas de Don Zeferino tuvo lugar en una celebración familiar, si no recuerdo mal en los quince años de Marifer. Estábamos todos invitados, incluso nosotros. Los amigos, los borrachos de siempre. Don Zeferino jamás nos cerró las puertas de su casa. En plena fiesta, uno de los amigos ya se encontraba pedo, y con la lengua más suelta que de costumbre. En eso se topó con el dueño de la casa; el papá de la quinceañera; con el señor Zeferino.
“Don Zeferino”, le digo el amigo borracho.
“No soy Don, nadamás Zeferino”, contestó el señor.
“Me vale madre, usted es Don Zeferino”, respondió el amigo.

Tenía razón, mi amigo. “Don” es una palabra, un prefijo que se agrega al nombre de una persona respetable. Don Zeferino siempre fue una persona respetable. Amable con los amigos de sus hijos. Más que amable. No era de los que dicen buenas noches y se excusan. Nunca hubo un silencio incómodo. Ya fuera una conversación inteligente, o una sarta de chascarrillos, siempre era grato convivir con él.

Don Zeferino falleció hoy. Ivan me acaba de avisar.

La última vez que lo vi no fue la última vez que lo hubiera querido ver. Y es lo malo de la vida. A veces hacemos, o dejamos de hacer cosas. Por muy buena que sea una intención, jamás basta con tenerla. Hay que actuar, y la moraleja hoy es que hay que actuar siempre que se puede. No dejarlo para después.
Este último viaje que hice me dejó con ganas de hacer muchas cosas. Entre ellas, pasar a saludar a los papás de mis amigos, José, Ivan y Marifer. No solo a ellos, a mucha gente. Y me estoy pateando en este momento.

Don Zeferino y Doña Angelina son del tipo de persona que uno desearía fuera el modelo del resto del mundo. Yo tuve mis etapas. Nada grave, pero el andar de rebeldito. El andar haciendo pendejada y media por la vida. Y cuando en mi propia casa me sentía incomprendido, tenía como consuelo que ellos me recibían en su casa. Fue una época extraña, en lo personal. Los momentos en los que uno se da cuenta que cuenta más con otra gente que con su propia familia. Los papás de mis amigos pudieron haber corrido de su casa a alguien como yo. Pero no lo hicieron. Por el contrario, siempre me he sentido bien recibido en su casa. Y siento que nunca he sabido agradecerlo. Pero no por ingrato. Es gente por quien yo daría lo que fuera.

Es muy chingón que un amigo te diga “eres como mi hermano”. No me ha sucedido muchas veces, pero tanto José como Ivan me lo han hecho saber. Y son correspondidos al 150%. Pero es más chingón todavia, quizá porque esto trasciende amistades, que un amigo te diga “eres como un hijo para mis papás”.

Me siento invadido de impotencia. Ivan me avisó hace ratito que Don Zeferino ya no está. No tengo como comunicarme con ellos – o mas bien no deseo interrumpirlos en este momento – pero quisiera hablar con ellos. Quisiera llorar a su lado. Estar con ellos. Y estoy con ellos, pero a 3000 kilometros como les ofrezco un abrazo? Como les hago saber que no es solo un pésame de cortesía, sino que a mi también me duele?

Espero que estén bien, y que encuentren pronto la resignación. Que estén unidos y se den fuerza, como familia. Yo desde acá les ofrezco mi fuerza y mi apoyo. Y saben que?

A mi tambien me vale madre. Es DON Zeferino.

The Iceberg.

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