Una muy mala “dining experience”

Una de las cosas que más me cagan de México (y no es que sea exclusiva de México – también en Canadá se dá, y supongo que en otros lugares del mundo tambien – pero en México, o en especial en Ciudad Victoria se da en exceso) es que un establecimiento no sea capaz de proporcionar los productos o servicios que ofrece. Ejemplos de esto hay miles. Vas al tendajo por cigarros, papel de baño, etc, y te salen con que no hay. Si yo tuviera un tendajo, trataría de comportarme competitivamente ante la invasión de OXXOs que están surgiendo en cada esquina. Pero incluso en los OXXOs sucede esto del “no hay”.

Otra cosa que me caga, hablando de productos y servicios, es que las empresas contraten gente que no está preparada para hacer su función. Gente que se queda con cara de “What?” con preguntas simples.

Cuando esas dos cosas se juntan, todo resulta en tragedia. Más aún, cuando es un lugar al que consideras entre tus “favoritos”. Lo cual nos trae al tema de hoy.

Hace dos años, cuando fui a Victoria de vacaciones, descubrí un restaurant llamado “Los Alambres”. Buscando un lugar donde sirvieran cortes de carne con mi novia, opté por visitar un lugar llamado “La Casa Vieja” donde había ido en un par de ocasiones. Cual fue mi sorpresa, que “La Casa Vieja” ya no existía, y en su lugar, un restaurante nuevo. “Entremos”, dije, y descubrimos que era un lugar chingón. Entre otras cosas, su corte “New York” era de 24 onzas. En contraste, los “New York” que pido aquí son de 16 onzas.
Mi novia y yo disfrutamos tanto la experiencia, que cuando un año después volví a ir de vacaciones, regresamos ahí. “Los Alambres” se había convertido en “nuestro lugar”, en ese sentido ñoño en el que las parejas tienen un lugar favorito.
En esta ocasión decidimos ir una vez más, y yo estaba preparado para hablar de la experiencia en este, su blog. Quería tomarle fotos a la comida, al lugar, y pintarlo ante el mundo como la chingonada que era. Pero el destino tenía otros planes. Esta es la historia.

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En camino al restaurant, me topé con un amigo, quien se ofreció a llevarnos al restaurant. En el trayecto mi amigo mencionó los playoffs de la NFL, cosa de la que ni me acordaba en el momento. Quizá porque en vacaciones uno tiende a perder la noción de la semana.
Llegamos al restaurant, que es, en sí, una casa vieja. De ahí el nombre del establecimiento anterior. Cada uno de los cuartos está adornado, la verdad muy “mono”. La novia y yo optamos por ir a la mesa de siempre, en una de las “recámaras” de arriba. La estaban trapeando, por lo que esperamos un rato y finalmente nos sentamos.
“Gustan algo de tomar?”, preguntó el mesero. La novia pidió una limonada, y yo pedí la michelada de a litro. Un rato después llega el mesero, con una limonada y una michelada de tamaño normal. Le aclaré que yo había pedido la de litro, y pude haber regresado esa. Pero sabía que a la novia se le iba a antojar, asi que yo, actuando “en buena onda”, le dije al mesero que dejara la micheladita en la mesa, pero que me trajera la de litro. Le pedí que si por favor me podía poner el partido de americano en la TV, y me dijo que sí.

Pasó un rato, y el mesero se asomó a ver si ya estábamos listos para ordenar. Cabe mencionar que ni una botanita ni nada nos había puesto en la mesa. Fue hasta que le pedí una orden de guacamole que se le ocurrió llegar con toda la botanita. El totopo, la salsita, etc.
Hablando de guacamole… una pregunta. Existe una diferencia entre “guacamole” y “aguacate molido”? Según yo, el guacamole va preparado con chilito, tomate, cebolla, cilantro y jugo de limón. Pero a lo mejor lo soñé.

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La TV seguía apagada, así que le recordé del partido. Que en qué canal estaba, me preguntó el guey. Como si yo supiera. “Pues no se, busca en TV Azteca o en Galavisión”, le recomendé, y se fue.

Pasó otro rato, y llegó el guey a tomarnos la orden. Mi vieja pidió un pescado, creo que un huachinango. Yo pedí mi New York. Preocupado por que el corte de carne hubiera cambiado de tamaño, me atreví a preguntarle al mesero de cuantas onzas era. Él, muy seguro de sí mismo, me respondió que de una onza. Pendejo. Todavía le especifiqué que deseaba mi corte cocinado a término medio.

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Un rato después sube el mesero a informarle a mi novia que no había huachinango. Que solo había pescado de granja. Ante esto, mi novia hizo algo que me caga. Pidió una orden de tacos. Esto me caga porque por 4 tacos te cobran un ojo de la cara. Además, para tacos, a la calle. No? En fin, los tacos venían en tres opciones: pollo, bistec y sirloin. Ofrecidos en tortilla de maiz, o de harina. Cuando ella los pidió mixtos, ella entendió, y yo entendí, que los quería surtidos de las opciones de carne. El mesero no. Cuando se los trajo, se los trajo todos de sirloin. Creo. Eso sí, mixtos. 2 tortillas de maiz, y dos de harina.

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Esto del meserito inepto ya me estaba colmando. En eso regresa, y prende la televisión. “Ah!”, dije. “Finalmente se acordó que le había pedido ver el partido de americano!”.
Cual fue mi sorpresa al ver que una persona adulta, de sexo masculino, y con las suficientes capacidades mentales y motrices como para obtener un empleo resultara incapaz de distinguir entre lo que es el futbol americano y lo que no lo es. Cuando ví que muy amablemente me había sintonizado un partido de rugby, me paré y apagué la televisión.

Mil cosas pasaban ya por mi mente. No estaba disfrutando mi estancia en el restaurant. Pero, dije, eso está a punto de cambiar. Un corte New York a término medio me hará sentir mejor.

Y en eso que sube el pendejo este, a decirme que se acaban de dar cuenta que no hay New York. Que si quiero otra cosa. “No, gracias”, le dije encabronado, sin siquiera voltearlo a ver. Si fuera el pinche Vips, o el McDonalds, o cualquier otro lugar genérico, quizá hubiera pedido otra cosa. Me hubiera conformado con otra opción. Pero en esta ocasión, chingado, yo quería un New York. Por eso fui a un restaurant “de los caros”. A pedir lo que YO quiero, no a escoger de lo que haya. Vayanse a la chingada, entonces. No pido nada y me atasco de totopos.

La novia se apiadó de mi y me compartió de sus tacos. Ella me conoce bien. Sabe bien cuando estoy encabronado, y al parecer conoce bien mis berrinches. Aunque yo no se lo dije, ella (jaja, las viejas y su “sexto sentido”) entendió que yo no quería cruzar una palabra más con el meserete. Fue ella quien pidió la cuenta.

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Casi me da un aneurisma.
No es que sea tacaño. Pero a quién le gusta pagar 145 pesos por 4 tacos, nadamas porque llevan queso y guacamole? A quien le gusta pagar 56 pesos por un aguacate molido? $68 por lo que a fin de cuentas es una caguama con limón y chilito? Y todo en un ambiente en el que te la estás pasando de la chingada (aclarando, me refiero a lo que sucedía, no a la compañía)?
Puse un billete de $500 en el folder, y minutos después el meserito me regresó el cambio. Para empeorar un poquito más las cosas, la mayor parte del cambio me la regresaron no en billetes, sino en pinches monedas de 5 pesos. Justo lo que necesitaba, salir de ahi cargando con un kilo de monedas.

No soy mamón. Al menos no tanto como parezco. Pero para mi, la propina se deja en agradecimiento por un buen servicio, es una cortesía que el cliente deja cuando se va satisfecho del lugar. Tan no soy mamón, que cuando sí disfruto una comida en un restaurant, la gente que me hace compañía me reclama que porqué dejo tanto de propina, si “solo es el 10%”. Pero en esta ocasión fue distinto.
Le dejé un peso de propina al pendejo ese.
“Pero Iceberg, porqué un peso? Mejor no le hubieras dejado nada!”, dirán ustedes. No. Si no le dejas nada, lo dejas con el concepto de que eres un codo. Pero si le dejas un peso, lo dejas con la impresión de que su servicio estuvo de la chingada. Lo cual, por mucho, fue la realidad.

Sobra decir que no está en mis planes volver a pasar por ahí. Para chingaderas, mal servicio y “no hay”, mejor me voy a “Gorditas Doña Tota”.

The Iceberg.

2 respuestas a Una muy mala “dining experience”

  1. wamba dice:

    Si lees esto quiere decir que por fin esta mugre me permitio enviarte un comentario…0 y van 3

    Va de nuez….pues he aqui uno de tus mil quejas y anecdotas solo que en esta estoy totalmente de acuero contigo… jaja que lastima que de ser un lugar admirable se convirtio en algo desagradable….pero pobrecito mesero solo hacia su trabajo mal por el gerente que no capacita bien a su gente y no esta al pendiente de lo que hace falta mmm pero eso no es novedad en nuestro México ya tendre yo tmb mi lugar para contar mis quejas y anecdotas.

  2. ginny dice:

    Como se atreven a cobrar tanto??….eso NO es guacamole!!

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