Del cielo!

Imaginen esto. Me acaba de pasar.

Termina el fin de semana, y con el se va todo el alcohol que hay en la casa. Excepto la media botella de tequila que queda, pero esa es para ocasiones “especiales”.
El lunes, cansado del trabajo y con una desvelada encima, llego y me duermo. Ni siquiera puedo pensar en sentarme a tomar algo. Hoy, martes, despierto. No, no soy alcohólico, pero por alguna razón pienso en comprar cerveza. A veces cae rico un par después del trabajo. Pero la perra está muy flaca, acabo de llegar de vacaciones, gasté mucho y no vuelvo a ver ingresos sino hasta el próximo jueves. La idea de comprar cerveza desaparece entre una nube de razonamiento lógico.

Termino de escribir acerca de mi abuelo. Salgo a fumar un cigarro. Me encuentro al dueño de la casa, quien vive arriba de mi (yo le rento el sótano). Me dice “ahi en la lavandería dejé una caja de cerveza, si quieres tómala, a mi no me gusta esa cerveza”.
Efectivamente, hay una caja con 24 botellas, solo 5 de ellas vacías. Las otras 19, ya están en el refrigerador.

Gracias, Señor!*

The Iceberg.

*Cuando digo Señor, me refiero al señor Pedro, quien fue el que me las regaló.

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