Los Residentes

Noviembre 5, 2009

Desde hace muchísimo tiempo, me ha tocado vivir en lugares relativamente pequeños – no hablo de pueblos fantasma con 100 habitantes, pero vaya, la última vez que viví en una metrópoli fueron los 4 meses que estuve en Monterrey entre 1998 y 1999.
Desde hace 4 años, vivo en una ciudad de alrededor de 100,000 habitantes. En una ciudad así, y con una rutina establecida, es normal que con cierta frecuencia uno se tope a cierto número de residentes de la ciudad. Y no me refiero a las personas que se encuentran en su trabajo, eso sería demasiado obvio. A veces en el transporte público, a veces en las tiendas que uno frecuenta, a veces en salidas a caminar, hay un número de personas a las que me topo con frecuencia, como si se tratara precisamente de un pueblo fantasma. Siempre se me ha hecho que el hecho de toparse a la misma gente todos los días le da un toque “Springfield-esco” a vivir en un lugar así.
He aquí algunos de ellos.

Mr. Magoo
Este guey es un viejito a quien me topaba con tanta frecuencia – en el camión, en la tienda, en la calle – que me empezaba a preocupar si me estaba siguiendo. El guey está igualito a la caricatura de Mr. Magoo, de ahi el sobrenombre. Ya tiene tiempo que no lo veo. La última vez que lo vi, se estaba subiendo a su coche en el estacionamiento del supermercado. Quizá porque ya no uso el transporte público, y obviamente él tampoco, ya casi nunca me lo topo. Ya no siento que me está siguiendo.

magoo

La Bestia
Imaginen una persona obesa de un metro 90 centímetros de estatura. Ahora imaginen que tiene cierto grado de retraso mental. Ahora imaginen que gracias a ese retraso mental, tiene una mirada muy extraña, como que en cualquier momento se puede poner agresivo.
Y me lo topo en todos lados! No importa si estoy en el mall, en el supermercado, en el centro, ya nadamás me faltaría encontrarmelo afuera de mi casa, con un hacha de mano, mientras estoy sentado fumándome un cigarro.

La “huerquita”
Hey, uno nunca sabe… en invierno hace tres años, todavía utilizaba el camión. Cuando trabajaba en el turno de la noche, salía a las 7.30 de la mañana, y me iba a la parada del camión para tomar el de las 8. Ella siempre estaba ahí, esperando tomar el mismo camión. Cabe mencionar que esa parada está ubicada en plena zona industrial, por lo que era natural asumir que la tipa también acababa de salir de trabajar.
Nunca crucé palabra con ella, pero en algún par de ocasiones hubo un intercambio de sonrisas. Total, se terminó el invierno, y ya empezaba a irme caminando. Un día que ya no hacía tanto frío, me tocó verla bajar del camión – en uniforme de escuela. Como que estaba en preparatoria.

LA VIEJA QUE SE PARECE A TOMMY CHRIST!!!
Hablando de viejas de preparatoria, a veces en las mañanas en lugar de tomar el camion a mi casa, tomaba el que iba al mall. Ese camión pasa por otra de las preparatorias locales, y al transbordar en el centro, se subía un sinnúmero de escuincles, en camino a la escuela. Para no hacerles el cuento largo, había una niña tan, pero tan fea, pobrecita… siempre le quise encontrar parecido con alguien, pero no lo ubicaba hasta que un día me puse a ver videos en YouTube y me topé con el de “Don’t Call Me Dude”, de Scatterbrain. Inmediatamente, mi mente hizo click. La niña esa está idéntica (aunque más fea, la pobre) a Tommy Christ!

El “Mexicano”
Si dijera que esta persona vive cerca de mi casa, no tendría mucha sorpresa el anunciar que lo veo con frecuencia. Pero la verdad es que no nadamás lo veo aquí en el vecindario. Al igual que Mr. Magoo, me lo topo en todas partes. Incluso ha salido de fondo an un par de fotos.
No es mexicano, muy seguramente es de la India (la verdad, las dos razas se prestan a confusión), pero tiene toda la finta. De hecho, no conozco ningún mexicano más allá de mis hermanas y mi cuñado.

La Cosa Andrógina Que Vaga Por Las Calles
Ja! Qué tal los apodos que pongo? Esta persona de género aún desconocido para mi la veo con más frecuencia de la que desearía. Creo que tiene también cierto grado de retraso mental (como mucha gente aquí), pero no es sobre lo que me quiero enfocar.
Sea el clima que sea, esta persona siempre está vestida igual, tiene sobrepeso, y una cabeza gigante. Es difícil distinguir exactamente qué es, y quisiera un dia preguntarle – nadamas para satisfacer mi curiosidad.

La Cajera Redondita
Sí, la veo en su trabajo cada vez que voy al super, y eso no cuenta. Es una cajera del “No Frills” que no debe medir más de 1.30 metros, y bueno, no hay forma bonita de decirlo, es gorda. No, no tiene unos kilitos de más. Con su baja estatura, se ve redonda, con eso les digo todo. Y si a esto aunamos que tiene cara de marranito, pues llama más la atención.
Pero apariencia física aparte, lo que más curiosidad me da es el horario de trabajo que tiene. Me la topo en todos lados, a todas horas – en las mañanas, en las tardes, los fines de semana, entre semana – y sin embargo cada vez que voy al super, ahi está. A menos que sean dos…

springfield

Y bueno, hay todo un mundo de gente que me topo cada vez que voy a un lugar en específico. La bola de vaguitos que se junta en la plaza del centro; el negro que trabaja conmigo que vive sus horas libres en el mall que está por mi casa; el señor que siempre va empujando un carrito de super por la calle que me lleva a mi trabajo; y la familia (la pareja y el bebé) a los que siempre veo en el mismo crucero, como si sus días consistieran de pasar de esquina a esquina en ese crucero.
A veces, Guelph me recuerda más a Springfield que a Guelph.

The Iceberg.


Soy un Oráculo (sin albur)

Agosto 20, 2009

Déjenme empezar por decir que no creo en nada de lo paranormal. Eso ya lo saben. Pero Entre el lunes y el martes tuve un par de coincidencias, porque eso es lo que son. Aún así, se siente raro.

fortuneteller

El viernes escribí una pendejada en otro blog, haciéndome pasar como víctima del programa Punk’D. Por alguna razón, quizá porque me recordó a MTV, al final puse que después de que me habían hecho la bromita, el post se iba a un comercial de Noxzema, con Rebecca Gayheart.

“Y quién chingados es Rebecca Gayheart?”, se preguntará la mayoría de ustedes. Exacto. Es una tipa que se hizo famosa en 1992 haciendo anuncios de crema para el acné, después hizo una olvidable película llamada “Urban Legends”, y después se la tragó la tierra.
(Bueno, hasta que investigan acerca de ella… Resulta que en alguna ocasión atropelló y mató a un niño.)

rgayheart

Total, que desde hace mas de 10 años nadie se acuerda de esa vieja, y de repente que me viene a la mente ese viernes. Y qué pasa el lunes? PUM! Sale la noticia de que sale en un video haciendo un threesome. Link aquí (NSFW).

En otro ejemplo, ese lunes al “entregar el turno” en el trabajo, salió la queja de que siempre quieren que adivinemos todo ahi en el trabajo, cosa que hasta cierto punto es cierta. Nunca faltan los “porqué no hiciste esto y esto?”, a los que solo podemos responder “porque no sabía que había que hacerlo”.
Total, hablando de la falta de información que abunda ahí en la chamba, pregunté cuándo había sido la última vez que habíamos tenido una junta trimestral (cada 3 meses, en teoría) nos juntan a todos para decirnos que todo está de maravilla. Corporate Bullshit, es el término en inglés. Pero yo no recordaba haber asistido a ninguna en el 2009, y de hecho de la última que recuerdo del 2008 todavía no hacía frío, o sea que cuando muy tarde fue por ahí de Octubre.
Ah, pues qué creen que fue lo primero que vi cuando llegué a trabajar el martes? Claro… que el miércoles habría junta trimestral (ah! pues la que mencioné en mi post anterior!).

Chale conmigo.

The Iceberg


10 Cosas Que Me Cagan, Ahorita.

Agosto 19, 2009

Sin ningún orden en particular.

1. Tener no uno, sino dos dolores de muela. Uno, en cada lado de la jeta.

2. Que la gente haga estupideces en plan de “venganza” por cosas que no vienen al caso.

3. Que todas las combinaciones de palabras que forman una frase coherente ya han sido registradas como dominios de internet – muchas veces por revendedores de mierda como GoDaddy.

4. Encontrarme con un bote de margarina en el refri, que desde hace meses contiene cultivos que en alguna ocasión fueron una ensalada que olvidé. Y tener que “disfrutar” del aroma mientras lo tiro a la basura.

5. Que me llame mi proveedor de telefonía e internet para exigirme que les diga cuanto voy a pagarles, cuando no sé ni cuanto me van a pagar a mí en el trabajo.

6. Abrir el Facebook, ver que tengo 14 notificaciones nuevas, y ver que todas son comentarios de una foto que ni es mía, donde fui “tagueado”.

7. Salir a fumar y tener dos abejas estúpidas volándome cerca de la cabeza. Con lo que me cagan los insectos voladores – sobre todo los que pican.

8. Que con la fortuna que me están cobrando por mis servicios de iPhone, enviar un pinche y sencillo mensaje de texto a México sea una imposibilidad – y la compañía pedorra de celulares baratos sí permita hacerlo.

9. Ver las estadísticas de mis blogs, e independientemente del número de visitas, ver que la mayoría de la gente encuentra este blog buscando “caricaturas de pulpos morados”, todavia. Gracias, Manotas, por el tráfico!

10. Tener 25 o 30 proyectos por realizar, y no hacer ninguno por vivir pendejeando en internet.

Pero vaya, no todo es drama, no quiero dar la idea de que mi vida apesta, ni mucho menos… tambien hay un par de cosas buenas. Por un lado, para los que no acostumbran seguir las noticias del mundo, Japón, Alemania, Francia y Hong Kong ya salieron oficialmente de la recesión económica, lo cual es buena señal.
Por otro lado, me estuve atacando de la risa anoche con un podcast. Y hoy vamos a tener junta en el trabajo, y al parecer nos van a hacer hamburguesas y demás.
Otras cosas buenas: El clima está inmejorable (lástima que las abejas piensen lo mismo), la situación en el trabajo empieza a mejorar, y aunque termine por escribir idioteces tituladas “10 cosas que me cagan, ahorita”, mi lista de cosas por escribir crece a diario. Quién sabe, quizá algún día escriba algo interesante!

The Iceberg


10 Cosas que (probablemente) no sabías sobre mi

Agosto 3, 2009

Sin ningún tema en especial, estas son diez cosas que me vienen a la mente que quizá nadie, o solo unos cuantos, sepan sobre mi.

1. La razón principal por la que compré mi primera computadora en 1997 no fue por poder tener acceso a internet. Aunque esto después se convirtió en lo principal, la verdadera razón es la siguiente: Tenía mucha inquietud por escribir ficción. O sea, hacer una carrera como escritor.
La inquietud me duró poco más de un año, y aunque surge de repente, me falta la motivación (y el tiempo) para sentarme a transcribir mis ideas en un formato amplio.

2. Una vez, me dió tifoidea y varicela al mismo tiempo. Créanme, no fue nada padre. Lo peor fue que esto sucedió justo en tiempo de examenes finales en segundo de secundaria. Me daban chance de presentar exámenes extraordinarios, pero a decir verdad tuve tan malas experiencias en esa escuela que no lo pensé en cambiarme – aunque esto significó tener que repetir segundo.

3. El día que cumplí 13 años no fue el día más feliz de mi vida. Llegué de la escuela, y fui al baño. Una hora después, por fin salió de mi organismo algo semejante (en forma y en tamaño) a una pelota de tenis. Después mi tía me llevó al cine. Yo quería ver Rambo 2, pero como mis primos estaban chicos, acabamos viendo La Historia Sin Fin.

10cosas1

4. A pesar de haber sido “rebeldito”, volarme clases y para efectos prácticos ser todo un vándalo, durante mis 3 años de preparatoria fui representante de grupo. (Cómo estarían los demás!!).
Lo que más me gustaba de ser representante de grupo, aunque no era propiamente mi responsabilidad, era darle “salida” al grupo si el maestro no llegaba 5 minutos después del timbre.

5. Estuve a punto de ofrecerme, accidentalmente, a Kukulcán. Cuando regresé de los dos meses que estuve en Cancún, pasé por Mérida y me quedé dos días en casa de mi tío. Un día me preguntó qué quería hacer, y como yo estaba por dejar la Península de Yucatán, no quise desaprovechar. “Quiero ir a Chichén Itza”, le dije.
Al día siguiente nos fuimos, con un amigo de él. Yo iba en el asiento de atrás, con la hielera. Sobra decir que cuando llegué a Chichén Itzá ya estaba medio pedo.
Me quise asomar a uno de los cenotes, y me resbalé. Por suerte, me pude agarrar de una rama, o una piedra (no recuerdo).

6. Si bien no se me da eso de la cantada, es mucho más difícil entonar el himno nacional cuando tienes una pistola .45 apuntada a la cabeza.
Cuando a un compañero del Seguro Popular y a un servidor nos “levantaron” en la ciudad fronteriza de Miguel Alemán, Tam, por alguna razón pensaron que yo era gringo y que estaba tratando de pasar a mi compañero (moreno de a madres, para acabarla) a USA. Porqué estos gueyes quisieron tomar el trabajo de la patrulla fronteriza de USA, no lo se… pero a punta de pistola me hicieron cantar el Himno Nacional para demostrar mi nacionalidad.

Sing, Motherfucker!

Sing, Motherfucker!

7. Un día, mientras jugaba a la pelota con mis hermanas y algunos amigos cuando tenía unos 8 o 9 años, me cayó de sorpresa un ataque de ansiedad. Me di cuenta de mi propia mortalidad, y me metí corriendo asustado, a llorar a los brazos de mi mamá porque “no me quería morir nunca”.

8. A pesar de haber sido adolescente en la época, y a pesar de que casi todo el mundo siente nostalgia por ellas (y más ahora que están “en boga”), nunca tuve mucho interés en las caricaturas de los ‘80.
Jamás me emocionó ver Transformers, He-Man, Mazzinger, GI Joe – y tampoco me interesó mucho la franquicia de Star Wars.
Y mientras que sé distinguir entre un Autobot y un Decepticon, por cultura general, no tengo idea de quien sea quien, salvo por Megatron y Optimus Prime. Esa década (y bueno, hasta la fecha) para mí todo era música. Mis hermanas saben más de He-Man que yo.

9. El día que recibí mi primer pago cuando empecé a trabajar como maestro de inglés en Harmon Hall, perdí mi cartera. No perdí mucho dinero, eran como 85 pesos (creo que la quincena llegó cuando apenas tenía como dos dias – o 7 horas de clase) pero aún así, me cagó. Lo que más me molestó es que estoy seguro que la perdí en el salón, durante una clase en particular, y siempre sospeché de dos alumnos. Pero la verdad nunca la sabré.

10. A veces es bueno tener la sangre fría (o el temple de acero, como prefieran). Me ha sido de utilidad en varias ocasiones. Una de las más importantes es cuando le salvé la vida a mi hija.
Algo se le alojó en la garganta, y mientras todos alrededor gritaban y no hacían nada, agarré a mi hija y le apliqué la Heimlich. Era un pedazo de pollo. Pobrecita, ya estaba morada.

Y bueno, pues me despido por ahora. Hay cosas que hacer, y no se está haciendo más temprano.

The Iceberg.


Capacitación!

Junio 17, 2009

El lunes llegué al trabajo, y antes de empezar con mi rutina, mi jefe me interceptó con la peor de las noticias. No, no se trataba de mi despido, ni el anuncio de la muerte de algún compañero – era algo peor. El martes tenía un curso de capacitación.

Se nota que me cagan los cursos de capacitación? La razón de ello es que difícilmente se trata de cosas que me sirven, hablan de cosas que nadie – ni ellos mismos – hace, y solo las tenemos que tomar porque a alguien se le ocurrió que TODO EL MUNDO debería tomar las mismas capacitaciones.
Si fuera algo relacionado directamente con mi trabajo, o si fuera algo de interés para mi, con gusto tomaría la capacitación. Pero cuando ví la hoja que me entragaron, y que se trataba de un curso de dos horas de 5S y Six Sigma, se me revolvió el estómago.
A decir verdad, no es la peor de las capacitaciones que he recibido… yo pensé que me consideraban tarado nadamás a mí, pero al parecer todos tenemos que tomar cursos de media hora (CADA UNO!) para operar cosas de uso común como extinguidores, y en el más idiota de los ejemplos, ESCALERAS. ¿Qué sigue? Un curso para operar un lápiz o una pluma? En fin…

Llegué, puntual, el martes a las 2:00 al salón. Iba un tanto preocupado, porque iba a ser de los últimos, y vaya que la lista de “invitados” era algo grande. Me preocupaba quedarme sin silla, pero más que eso me preocupaba hacer el “oso”.
Entré al salón, y solo habían 6 personas, entre ellas los dos instructores. Para cuando terminó el curso, solo habían llegado tres personas más. Qué sorpresa.

La primera parte del curso trataba sobre el concepto (que de por sí me ha cagado siempre) de las 5S. No les voy a dar un tratado sobre dicho concepto, pero basta con decirles que las empresas hacen tanto énfasis en él, que en él se va la mayor parte del tiempo, en lugar de otras actividades, como por ejemplo producción. 5S Es una serie de 5 pasos para obtener limpieza y orden en el trabajo. Eso es todo. Sin menospreciar la limpieza y el órden, creo que los administradores de hoy se clavan de más con este concepto.

Me pagaron dos horas de sueldo por pensar en mariscos y limpiarme las uñas... de que me quejo?

Me pagaron dos horas de sueldo por pensar en mariscos y limpiarme las uñas... de que me quejo?

Esta parte del curso la dio un jóven canadiense que, vayan ustedes a saber porqué razón, se siente comediante. Y oh sorpresa, no dija nada nuevo. Nada que no hayamos escuchado en cada una de las juntas de departamento, juntas generales, o las 5 o 6 veces que he ido a tomar esa misma capacitación.
Era incómodo, sin embargo, cuando trataba de hacer sus “chascarrillos” y nadie se reía. Se le veía la agonía en el rostro. Yo mientras pensaba en otras pendejadas. Se me antojaba comer mariscos, y prácticamente me estaba saboreando un caldo de pescado. No es que sufra de déficit de atención – son cosas que ya me se de memoria. De hecho, yo podría dar la siguiente capacitación.

Y si pensaba que la primera parte del curso había estado del nabo, JA! faltaba la segunda.

Siempre me he quejado de la gente que no sabe hablar bien inglés y aún así viene a países de habla inglesa. No digo que todos sean bilingües y dejen su acento en su país de origen, no soy ningún racista, y tampoco espero que desarrollen un acento británico perfecto. No soy mamón. Lo único que pido es que hablen lo suficientemente bien como para que la demás gente les entienda. Especialmente si piensan dedicarse a una actividad que implique hablar públicamente.

La capacitación de Six Sigma la impartió un señor de Vietnam al que no se le entendía nada. Vaya, ni nosotros le entendíamos, ni él entendía las preguntas que se le hacían. Y eso me cagó, porque en sí, a juzgar por los 4 minutos en total que le hice caso a las diapositivas de la pantalla, el tema se veía un poco más interesante que el anterior.
No exagero, no se le entendía NADA al pobre guey. Cómo llegó a una posición administrativa? Quién sabe.

Vi que se me había olvidado cortarme las uñas, y que además tenían algo de mugrita. ¿Cómo llegó ahí la mugrita? Ah, los misterios de la ciencia. Corté una esquinita de una hoja de papel, y procedí a darme un “manicure” improvisado, mientras este guey hablaba y hablaba quién sabe qué.
Me di cuenta que él se entendía solo, pero nadie más comprendía las sílabas que le salían de la jeta. En un par de ocasiones según él debe haber dicho algo sumamente chistoso, porque de la nada se empezó a reir a carcajadas. Le ganaba la risa de una manera que no alcanzo a describir, mientras todos los demás permaneciamos sentados, inmóviles, aburridos y serios.

Finalmente terminó la sesión, y por alguna razón nos dieron una cinta amarilla de karate. Asi que cuidado cuando me vean en la calle! Soy cinta amarilla! Ja.

Konichiwa, putos!

The Iceberg.


Extra! Extra! Me cagan las noticias!

Marzo 24, 2009

Debido a que acá en Canadá entró en vigor el “horario de verano” hace dos semanas, y en Mexico aún no, hay dos horas de diferencia. No se hasta cuando, pero mientras dure, estoy aprovechando para poder ver noticias de allá.

En las mañanas cuando me levanto, digamos a las 10, en México son las 8. Eso me permite alcanzar la última hora (no necesariamente la más informativa) de Primero Noticias. Y en la noche puedo llegar del trabajo y ver, completo, el Noticiero con Joaquín López Dóriga. Y como esto lo he empezado a hacer desde apenas ayer que regresé a mi rutina de trabajo – apenas un día y ya extraño la chela – eso quiere decir que sólo he visto 1:N en dos ocasiones, y JLD apenas anoche.

Y qué hueva, la verdad. Vaya, nunca veo noticieros de acá en la TV. Para eso tengo internet, para leer encabezados, y si algo llama mi intención, tengo la opción de hacer click (pulsar el botón del ratón, dirían los de la revista española que leía antes) y leer la información. Pero las páginas de noticias que normalmente leo son gringas, y por lo tanto lo que pase en México no es de gran consecuencia (a menos que sean cuestiones migratorias).
Claro, lo mas sencillo sería buscar páginas de noticias mexicanas, y sí lo hago. Pero bueno, por nostalgia heme viendo estos programas. Y que hueva!

Para empezar, me caga la política. Y es de lo que más hablan.
En segunda, me cagan las noticias que no son noticias. Por ejemplo, no me importa qué chingados va a hacer Rafa Marquez mientras la selección juega.
En tercera, no se si acaban de descubrir que en el Titanic había un mexicano, pero chingadamadre, ya, no? Si quisiera ver noticias de 1912, buscaría una hemeroteca.
Cuarta: Si Jaime Camil y su novio estan viajando por la república haciéndose los chistocitos, no se porque me debe interesar. Acaso no saben lo que cuesta transmitir cada minuto de televisión?

Ya que hablamos de noticias de por allá, me caga ver los periódicos de mi aldea. Pura grilla de mierda.
El sitio en particular del periódico donde presté mis servicios durante un tiempo me encanta, porque el diseño está muy bien hecho, y el contenido está actualizado.
No, puro pedo. En su sección de video (donde alguien descubrió cómo hacer links a videos de youTube), todavía hoy 24 de marzo aparece un video del iraquí que le aventó los zapatos a Bush. Y en su encuesta preguntan temas tan “actuales” como si consideramos que el aguinaldo de los diputados es justo. Y en cuanto al diseño, bueno, juzguen ustedes. Vaya, el New York Times, no es.

Eso sí, al menos los periódicos de mi aldea de allá por lo menos tienen más de 3 hojas. El Guelph Mercury, periodiquillo local, no contiene gran cantidad de información.

Por eso me quedo con las noticias en internet.

The Iceberg


Don Zeferino

Febrero 15, 2009

Una de mis anécdotas favoritas de Don Zeferino tuvo lugar en una celebración familiar, si no recuerdo mal en los quince años de Marifer. Estábamos todos invitados, incluso nosotros. Los amigos, los borrachos de siempre. Don Zeferino jamás nos cerró las puertas de su casa. En plena fiesta, uno de los amigos ya se encontraba pedo, y con la lengua más suelta que de costumbre. En eso se topó con el dueño de la casa; el papá de la quinceañera; con el señor Zeferino.
“Don Zeferino”, le digo el amigo borracho.
“No soy Don, nadamás Zeferino”, contestó el señor.
“Me vale madre, usted es Don Zeferino”, respondió el amigo.

Tenía razón, mi amigo. “Don” es una palabra, un prefijo que se agrega al nombre de una persona respetable. Don Zeferino siempre fue una persona respetable. Amable con los amigos de sus hijos. Más que amable. No era de los que dicen buenas noches y se excusan. Nunca hubo un silencio incómodo. Ya fuera una conversación inteligente, o una sarta de chascarrillos, siempre era grato convivir con él.

Don Zeferino falleció hoy. Ivan me acaba de avisar.

La última vez que lo vi no fue la última vez que lo hubiera querido ver. Y es lo malo de la vida. A veces hacemos, o dejamos de hacer cosas. Por muy buena que sea una intención, jamás basta con tenerla. Hay que actuar, y la moraleja hoy es que hay que actuar siempre que se puede. No dejarlo para después.
Este último viaje que hice me dejó con ganas de hacer muchas cosas. Entre ellas, pasar a saludar a los papás de mis amigos, José, Ivan y Marifer. No solo a ellos, a mucha gente. Y me estoy pateando en este momento.

Don Zeferino y Doña Angelina son del tipo de persona que uno desearía fuera el modelo del resto del mundo. Yo tuve mis etapas. Nada grave, pero el andar de rebeldito. El andar haciendo pendejada y media por la vida. Y cuando en mi propia casa me sentía incomprendido, tenía como consuelo que ellos me recibían en su casa. Fue una época extraña, en lo personal. Los momentos en los que uno se da cuenta que cuenta más con otra gente que con su propia familia. Los papás de mis amigos pudieron haber corrido de su casa a alguien como yo. Pero no lo hicieron. Por el contrario, siempre me he sentido bien recibido en su casa. Y siento que nunca he sabido agradecerlo. Pero no por ingrato. Es gente por quien yo daría lo que fuera.

Es muy chingón que un amigo te diga “eres como mi hermano”. No me ha sucedido muchas veces, pero tanto José como Ivan me lo han hecho saber. Y son correspondidos al 150%. Pero es más chingón todavia, quizá porque esto trasciende amistades, que un amigo te diga “eres como un hijo para mis papás”.

Me siento invadido de impotencia. Ivan me avisó hace ratito que Don Zeferino ya no está. No tengo como comunicarme con ellos – o mas bien no deseo interrumpirlos en este momento – pero quisiera hablar con ellos. Quisiera llorar a su lado. Estar con ellos. Y estoy con ellos, pero a 3000 kilometros como les ofrezco un abrazo? Como les hago saber que no es solo un pésame de cortesía, sino que a mi también me duele?

Espero que estén bien, y que encuentren pronto la resignación. Que estén unidos y se den fuerza, como familia. Yo desde acá les ofrezco mi fuerza y mi apoyo. Y saben que?

A mi tambien me vale madre. Es DON Zeferino.

The Iceberg.


San Valentín…

Febrero 14, 2009

Para la mayoría de la gente, hoy 14 de febrero es el “Día del Amor y la Amistad”. ¡Qué bonito y que romántico!

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Para mí, sin embargo, es un dia común y corriente. Al igual que el día de las madres, el día del padre (porqué “madres” en plural, y “padre” en singular?), el día del niño, del compadre, de la secretaria y del perro.

Y no es porque adopte una actitud de esas de que soy muy “cool” y no festejo nada… Simplemente son cosas que prefiero festejar todos los días. Vaya, no necesito esperar al 14 de febrero para hacer algo especial con mi vieja (aunque a ella le encanta esta fecha). Lo puedo hacer cualquier dia del año. De la misma manera, aunque mi mamá ya no está físicamente, no necesito esperar a mayo pra acordarme de ella. Y lo mismo para las demás fechas.

Y, en cuanto a lo de “amistad”, bonito me vería diciendole a mis amigos “feliz día!!”. Pero ellos saben.

En fin, si tienen con quien celebrar hoy, pues pásensela bien. Y si no, no se preocupen. Es solo un dia común y corriente. Técnicamente, solo es un santo más en el santoral. La connotación romántica y todo lo demás fue prefabricada, así que no hay de que preocuparse.

The Iceberg.


Ignorancia

Febrero 10, 2009

No se porque amanecí acordandome de esto, pero es algo que en su momento me llamó la atención.

Nadamás como aclaración, quiero decir que no lo digo en tono de burla, más bien fue algo sorprendente en su momento. Burlarse de la ignorancia de una persona es como burlarse de alguien que está en una silla de ruedas. Burlarse de la estupidez, eso sí me encanta. Pero en esta ocasión no se trata de estupidez, sino de ignorancia.

El 11 de septiembre del 2001 llegó la señora que nos ayudaba en la casa, como cualquier otro día. Pero no se trataba de un día común y corriente. Yo estaba pegado a la televisión viendo como Jorge Berry trataba de dar cuenta de lo que sucedía en los Estados Unidos. Y lo que sucedía no era cualquier cosa. Era el principio de algo. Todos lo sabíamos, y bueno, en gran parte esta crisis económica que estamos viviendo tiene que ver con las decisiones que tomó el gobierno de EEUU a raiz de ese día.
La señora subió a poner orden en las recámaras, más o menos al mismo tiempo en que la televisión transmitía, una y otra vez, la imagen del segundo avión que hizo impacto en el WTC de Nueva York.
Y le enseñé a la señora. “¡Mire!”, exclamé. “¡Ya van dos aviones que se estrellan contra edificios en Nueva York! ¿Qué estará pasando?”. La señora se quedó viendo la TV, e ignorando quizá la gravedad del asunto, se limitó a hacer un comentario, que nada que ver con lo que sucedía.

“Se ve que está haciendo frío allá”.

Acto seguido, se fue a la recámara de mi hija a recoger la ropa.

The Iceberg.


Una muy mala “dining experience”

Enero 14, 2009

Una de las cosas que más me cagan de México (y no es que sea exclusiva de México – también en Canadá se dá, y supongo que en otros lugares del mundo tambien – pero en México, o en especial en Ciudad Victoria se da en exceso) es que un establecimiento no sea capaz de proporcionar los productos o servicios que ofrece. Ejemplos de esto hay miles. Vas al tendajo por cigarros, papel de baño, etc, y te salen con que no hay. Si yo tuviera un tendajo, trataría de comportarme competitivamente ante la invasión de OXXOs que están surgiendo en cada esquina. Pero incluso en los OXXOs sucede esto del “no hay”.

Otra cosa que me caga, hablando de productos y servicios, es que las empresas contraten gente que no está preparada para hacer su función. Gente que se queda con cara de “What?” con preguntas simples.

Cuando esas dos cosas se juntan, todo resulta en tragedia. Más aún, cuando es un lugar al que consideras entre tus “favoritos”. Lo cual nos trae al tema de hoy.

Hace dos años, cuando fui a Victoria de vacaciones, descubrí un restaurant llamado “Los Alambres”. Buscando un lugar donde sirvieran cortes de carne con mi novia, opté por visitar un lugar llamado “La Casa Vieja” donde había ido en un par de ocasiones. Cual fue mi sorpresa, que “La Casa Vieja” ya no existía, y en su lugar, un restaurante nuevo. “Entremos”, dije, y descubrimos que era un lugar chingón. Entre otras cosas, su corte “New York” era de 24 onzas. En contraste, los “New York” que pido aquí son de 16 onzas.
Mi novia y yo disfrutamos tanto la experiencia, que cuando un año después volví a ir de vacaciones, regresamos ahí. “Los Alambres” se había convertido en “nuestro lugar”, en ese sentido ñoño en el que las parejas tienen un lugar favorito.
En esta ocasión decidimos ir una vez más, y yo estaba preparado para hablar de la experiencia en este, su blog. Quería tomarle fotos a la comida, al lugar, y pintarlo ante el mundo como la chingonada que era. Pero el destino tenía otros planes. Esta es la historia.

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En camino al restaurant, me topé con un amigo, quien se ofreció a llevarnos al restaurant. En el trayecto mi amigo mencionó los playoffs de la NFL, cosa de la que ni me acordaba en el momento. Quizá porque en vacaciones uno tiende a perder la noción de la semana.
Llegamos al restaurant, que es, en sí, una casa vieja. De ahí el nombre del establecimiento anterior. Cada uno de los cuartos está adornado, la verdad muy “mono”. La novia y yo optamos por ir a la mesa de siempre, en una de las “recámaras” de arriba. La estaban trapeando, por lo que esperamos un rato y finalmente nos sentamos.
“Gustan algo de tomar?”, preguntó el mesero. La novia pidió una limonada, y yo pedí la michelada de a litro. Un rato después llega el mesero, con una limonada y una michelada de tamaño normal. Le aclaré que yo había pedido la de litro, y pude haber regresado esa. Pero sabía que a la novia se le iba a antojar, asi que yo, actuando “en buena onda”, le dije al mesero que dejara la micheladita en la mesa, pero que me trajera la de litro. Le pedí que si por favor me podía poner el partido de americano en la TV, y me dijo que sí.

Pasó un rato, y el mesero se asomó a ver si ya estábamos listos para ordenar. Cabe mencionar que ni una botanita ni nada nos había puesto en la mesa. Fue hasta que le pedí una orden de guacamole que se le ocurrió llegar con toda la botanita. El totopo, la salsita, etc.
Hablando de guacamole… una pregunta. Existe una diferencia entre “guacamole” y “aguacate molido”? Según yo, el guacamole va preparado con chilito, tomate, cebolla, cilantro y jugo de limón. Pero a lo mejor lo soñé.

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La TV seguía apagada, así que le recordé del partido. Que en qué canal estaba, me preguntó el guey. Como si yo supiera. “Pues no se, busca en TV Azteca o en Galavisión”, le recomendé, y se fue.

Pasó otro rato, y llegó el guey a tomarnos la orden. Mi vieja pidió un pescado, creo que un huachinango. Yo pedí mi New York. Preocupado por que el corte de carne hubiera cambiado de tamaño, me atreví a preguntarle al mesero de cuantas onzas era. Él, muy seguro de sí mismo, me respondió que de una onza. Pendejo. Todavía le especifiqué que deseaba mi corte cocinado a término medio.

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Un rato después sube el mesero a informarle a mi novia que no había huachinango. Que solo había pescado de granja. Ante esto, mi novia hizo algo que me caga. Pidió una orden de tacos. Esto me caga porque por 4 tacos te cobran un ojo de la cara. Además, para tacos, a la calle. No? En fin, los tacos venían en tres opciones: pollo, bistec y sirloin. Ofrecidos en tortilla de maiz, o de harina. Cuando ella los pidió mixtos, ella entendió, y yo entendí, que los quería surtidos de las opciones de carne. El mesero no. Cuando se los trajo, se los trajo todos de sirloin. Creo. Eso sí, mixtos. 2 tortillas de maiz, y dos de harina.

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Esto del meserito inepto ya me estaba colmando. En eso regresa, y prende la televisión. “Ah!”, dije. “Finalmente se acordó que le había pedido ver el partido de americano!”.
Cual fue mi sorpresa al ver que una persona adulta, de sexo masculino, y con las suficientes capacidades mentales y motrices como para obtener un empleo resultara incapaz de distinguir entre lo que es el futbol americano y lo que no lo es. Cuando ví que muy amablemente me había sintonizado un partido de rugby, me paré y apagué la televisión.

Mil cosas pasaban ya por mi mente. No estaba disfrutando mi estancia en el restaurant. Pero, dije, eso está a punto de cambiar. Un corte New York a término medio me hará sentir mejor.

Y en eso que sube el pendejo este, a decirme que se acaban de dar cuenta que no hay New York. Que si quiero otra cosa. “No, gracias”, le dije encabronado, sin siquiera voltearlo a ver. Si fuera el pinche Vips, o el McDonalds, o cualquier otro lugar genérico, quizá hubiera pedido otra cosa. Me hubiera conformado con otra opción. Pero en esta ocasión, chingado, yo quería un New York. Por eso fui a un restaurant “de los caros”. A pedir lo que YO quiero, no a escoger de lo que haya. Vayanse a la chingada, entonces. No pido nada y me atasco de totopos.

La novia se apiadó de mi y me compartió de sus tacos. Ella me conoce bien. Sabe bien cuando estoy encabronado, y al parecer conoce bien mis berrinches. Aunque yo no se lo dije, ella (jaja, las viejas y su “sexto sentido”) entendió que yo no quería cruzar una palabra más con el meserete. Fue ella quien pidió la cuenta.

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Casi me da un aneurisma.
No es que sea tacaño. Pero a quién le gusta pagar 145 pesos por 4 tacos, nadamas porque llevan queso y guacamole? A quien le gusta pagar 56 pesos por un aguacate molido? $68 por lo que a fin de cuentas es una caguama con limón y chilito? Y todo en un ambiente en el que te la estás pasando de la chingada (aclarando, me refiero a lo que sucedía, no a la compañía)?
Puse un billete de $500 en el folder, y minutos después el meserito me regresó el cambio. Para empeorar un poquito más las cosas, la mayor parte del cambio me la regresaron no en billetes, sino en pinches monedas de 5 pesos. Justo lo que necesitaba, salir de ahi cargando con un kilo de monedas.

No soy mamón. Al menos no tanto como parezco. Pero para mi, la propina se deja en agradecimiento por un buen servicio, es una cortesía que el cliente deja cuando se va satisfecho del lugar. Tan no soy mamón, que cuando sí disfruto una comida en un restaurant, la gente que me hace compañía me reclama que porqué dejo tanto de propina, si “solo es el 10%”. Pero en esta ocasión fue distinto.
Le dejé un peso de propina al pendejo ese.
“Pero Iceberg, porqué un peso? Mejor no le hubieras dejado nada!”, dirán ustedes. No. Si no le dejas nada, lo dejas con el concepto de que eres un codo. Pero si le dejas un peso, lo dejas con la impresión de que su servicio estuvo de la chingada. Lo cual, por mucho, fue la realidad.

Sobra decir que no está en mis planes volver a pasar por ahí. Para chingaderas, mal servicio y “no hay”, mejor me voy a “Gorditas Doña Tota”.

The Iceberg.