8 Cosas Que Me Cagan De Mis Viajes A México

Noviembre 18, 2009

No me malinterpreten, me encanta ir a Mexico cada vez que puedo. Y en esta ocasión, las circunstancias serán diferentes. Por algo es que me la paso queriendo estar allá, y por eso es que voy cada vez que puedo.
Sin embargo, México es un lugar no exactamente perfecto. Las cosas que mencionaré aquí – algunas de ellas, al menos – no es que sean cosas malas en sí, solo cosas que en lo particular me incomodan, o cosas a las que ya no estoy tan acostumbrado.

1. Música
En Canadá, difícilmente se escucha la musica de los demás. En México, sin embargo, a la gente le gusta subirle al volumen a lo que están escuchando. Y salvo por contadas excepciones, solo existen tres opciones en cuanto a la música que se oye: reggaetón, música de acordeón, o pop viejo.
En serio, gente, que fascinación tienen con el pop viejo? Cada vez que voy, en el radio, en los playlists de la gente con la que voy, siempre estan las mismas canciones de hace 7 años. Shakira ha sacado como 16 albums desde que me vine a Canadá, sin embargo todos se quedaron atrapados con la canción de “Pies Descalzos”. Lo mismo con canciones de Laura Pausini, Chayanne, Eros Ramazzotti…
Ah, y entre más pedorra la música, más le suben. Y desde más temprano la ponen. No saben lo fascinante que es despertar a las 8 de la mañana un domingo después de una peda, porque el vecino decidió que era el momento ideal para lavar su carro y acompañarse de reggaetón.

2. Referencias Culturales
No es que sea mejor o peor, solo diferente… pero muchas de las cosas a las que hago referencia en mi conversación normal – en ocasiones ni siquiera son referencias oscuras, sino cosas como Family Guy, o South Park – nadie las capta. Vaya, para muestra, el 5 de noviembre puse en mi Facebook “Remember, Remember the Fifth of November”… y nadie fue capaz de entender que era una referencia, si bien histórica, a la película de V for Vendetta, con Natalie Portman. NATALIE PORTMAN!! No creo que sea tan desconocida!
Voy a llegar a México queriendo hablar de Watchmen, o de 24, y me voy a sentir fuera de lugar cuando los demás solo hagan referencia a Mujeres Asesinas, o a El Pantera.

3. Inseguridad
No es que piense que México sea un nido de criminales, pero vamos… comparado con Canadá nunca se sabe. Aquí me puedo ir caminando del trabajo a mi casa a la media noche, cargando con mi iPhone, mi iPod Shuffle (por si se le acaba la pila al iPhone) y 200 dólares, sin preocuparme.
Allá me pongo un poco más paranóico, especialmente cuando llego y me voy, que son los momentos en los que voy cargando con todas mis cosas. Nada como estar parado en la central de autobuses de Monterrey, en plena época navideña, cuidando 3 maletas y tratando de hacer una llamada de un teléfono público.
Y eso que no voy al DF, sino a Ciudad Victoria. Por eso allá solo cargo con un Nokia 1100, y procuro no cargar con mucho efectivo. Ja!

4. Obesidad
Aquí en Canadá cuido mucho mi alimentación. Con eso me refiero a que difícilmente como fuera de casa, y lo que me preparo contiene muchas verduras, y demás. Como que manejo un poco una dieta balanceada.
Allá, es imposible resistirse al encanto de las tortillas de harina, de la comida grasosa, del exceso de sodio… vaya no soy de los que andan contando calorías, pero mi evidencia empírica me ha enseñado que con 3 semanas de estar allá, tiendo a subir considerablemente de peso. Ahora que voy por, este, más tiempo, no se que vaya a pasar.

5. Desencanto
Dicen que el hombre es el único animal que no se tropieza dos veces con la misma piedra. Yo debo, entonces, pertenecer a una especie distinta, porque me he tropezado tantas veces con esta piedra, que ya mejor me da risa.
Quizá por la nostalgia, quizá por otros factores, cada vez que voy se me mete en la cabeza que me la voy a pasar con madre, que la pachanga no va a parar nunca, y que todos mis amigos van a estar buscándome las 24 horas del día.
Esto jamás sucede… y si bien sí me la paso a toda madre con ellos, muchas han sido las tardes en las que yo ando correteándolos para hacer algo, y solo me encuentro con “estoy ocupado”, “no puedo”, o “yo después te llamo”.
Sin embargo, desde el primer día que estoy de regreso en Canadá, ya estoy con la idea de regresar.

6. Conversión de Moneda
Esto le debe pasar a todos, no nadamás a mi… solo que al revés. Cuando uno se acustumbra a pensar en un tipo de moneda, al estar en otro país los precios llaman la atención.
En mi caso, estoy acostumbrado a ver precios como $4.99, $19.99, o $49.99, dependiendo de lo que quiero comprar. Llego allá, y todo se me hace carísimo, porque el punto decimal está recorrido un dígito más hacia la derecha. Por ejemplo (y no se porque siempre pienso en el alcohol), aquí una botella de Bacardí Limon – estoy empleando un pomo que se encuentra en ambos países – cuesta $23.50. Y si bien con ese dinero me puedo comprar un pomo mucho mejor en México, el ver precios arriba de $100 hace que me duela el codo por un momento, hasta que hago la conversión en mi mente.

7. Televisión
Si bien no es mi intención viajar hasta México para sentarme a ver televisión, es obvio que habrán momentos en los que sea inevitable estar sentado frente a una, o tenerla de fondo. Y no se qué tanto haya “mejorado” la calidad de la programación desde hace un año que estuve allá, pero dudo que mucho.
Créanme, no me entusiasma para nada ver telejuegos, los mismos comerciales de hace 5 años, o peor aún, las voces de Enrique Garay o Antonio de Valdés contaminando la transmisión de un partido de la NFL. No muero de ganas de ver promos de telenovelas, programitas mañaneros de variedades, o anuncios y noticias de partidos políticos.
Tampoco es así que ustedes digan de mi sumo interés ver televisión extranjera – léase, los programas que acostumbro ver – doblados al español.

8. Familia
Hablando de desencanto… No es que no quiera ver a mi familia, claro que los quiero ver. Pero a juzgar por experiencias pasadas, y las cosas que han sucedido este año, creo que en más de una ocasión me voy a sentir incómodo. Mi papá me va a estar cuestionando TODO, la relación con mi hermana es cada vez más distante y más incómoda, y de la familia extendida ni hablar. A mis sobrinos sí tengo muchas ganas de verlos, y de convivir con ellos.
Y por supuesto, está mi hija, a quien si bien me va me va a tocar verla muy poco, y en un ambiente demasiado controlado. Pero tambien espero poder estar con ella la mayor cantidad de tiempo posible.

Y bueno, creo que por ahora es todo. De por sí me tomó dos días escribir esto, y no llegué al diez. Aún y a pesar de todo lo anterior, ya quisiera estar ahí. Ya se me cuecen las habas, como dirían por ahí. Pero bueno, cada día que pasa es un día menos, y ya en unas cuantas semanas espero contarles que ya llegué.

The Iceberg


Para Toda La Familia!!

Noviembre 16, 2009

caguama

The Iceberg


Los Residentes

Noviembre 5, 2009

Desde hace muchísimo tiempo, me ha tocado vivir en lugares relativamente pequeños – no hablo de pueblos fantasma con 100 habitantes, pero vaya, la última vez que viví en una metrópoli fueron los 4 meses que estuve en Monterrey entre 1998 y 1999.
Desde hace 4 años, vivo en una ciudad de alrededor de 100,000 habitantes. En una ciudad así, y con una rutina establecida, es normal que con cierta frecuencia uno se tope a cierto número de residentes de la ciudad. Y no me refiero a las personas que se encuentran en su trabajo, eso sería demasiado obvio. A veces en el transporte público, a veces en las tiendas que uno frecuenta, a veces en salidas a caminar, hay un número de personas a las que me topo con frecuencia, como si se tratara precisamente de un pueblo fantasma. Siempre se me ha hecho que el hecho de toparse a la misma gente todos los días le da un toque “Springfield-esco” a vivir en un lugar así.
He aquí algunos de ellos.

Mr. Magoo
Este guey es un viejito a quien me topaba con tanta frecuencia – en el camión, en la tienda, en la calle – que me empezaba a preocupar si me estaba siguiendo. El guey está igualito a la caricatura de Mr. Magoo, de ahi el sobrenombre. Ya tiene tiempo que no lo veo. La última vez que lo vi, se estaba subiendo a su coche en el estacionamiento del supermercado. Quizá porque ya no uso el transporte público, y obviamente él tampoco, ya casi nunca me lo topo. Ya no siento que me está siguiendo.

magoo

La Bestia
Imaginen una persona obesa de un metro 90 centímetros de estatura. Ahora imaginen que tiene cierto grado de retraso mental. Ahora imaginen que gracias a ese retraso mental, tiene una mirada muy extraña, como que en cualquier momento se puede poner agresivo.
Y me lo topo en todos lados! No importa si estoy en el mall, en el supermercado, en el centro, ya nadamás me faltaría encontrarmelo afuera de mi casa, con un hacha de mano, mientras estoy sentado fumándome un cigarro.

La “huerquita”
Hey, uno nunca sabe… en invierno hace tres años, todavía utilizaba el camión. Cuando trabajaba en el turno de la noche, salía a las 7.30 de la mañana, y me iba a la parada del camión para tomar el de las 8. Ella siempre estaba ahí, esperando tomar el mismo camión. Cabe mencionar que esa parada está ubicada en plena zona industrial, por lo que era natural asumir que la tipa también acababa de salir de trabajar.
Nunca crucé palabra con ella, pero en algún par de ocasiones hubo un intercambio de sonrisas. Total, se terminó el invierno, y ya empezaba a irme caminando. Un día que ya no hacía tanto frío, me tocó verla bajar del camión – en uniforme de escuela. Como que estaba en preparatoria.

LA VIEJA QUE SE PARECE A TOMMY CHRIST!!!
Hablando de viejas de preparatoria, a veces en las mañanas en lugar de tomar el camion a mi casa, tomaba el que iba al mall. Ese camión pasa por otra de las preparatorias locales, y al transbordar en el centro, se subía un sinnúmero de escuincles, en camino a la escuela. Para no hacerles el cuento largo, había una niña tan, pero tan fea, pobrecita… siempre le quise encontrar parecido con alguien, pero no lo ubicaba hasta que un día me puse a ver videos en YouTube y me topé con el de “Don’t Call Me Dude”, de Scatterbrain. Inmediatamente, mi mente hizo click. La niña esa está idéntica (aunque más fea, la pobre) a Tommy Christ!

El “Mexicano”
Si dijera que esta persona vive cerca de mi casa, no tendría mucha sorpresa el anunciar que lo veo con frecuencia. Pero la verdad es que no nadamás lo veo aquí en el vecindario. Al igual que Mr. Magoo, me lo topo en todas partes. Incluso ha salido de fondo an un par de fotos.
No es mexicano, muy seguramente es de la India (la verdad, las dos razas se prestan a confusión), pero tiene toda la finta. De hecho, no conozco ningún mexicano más allá de mis hermanas y mi cuñado.

La Cosa Andrógina Que Vaga Por Las Calles
Ja! Qué tal los apodos que pongo? Esta persona de género aún desconocido para mi la veo con más frecuencia de la que desearía. Creo que tiene también cierto grado de retraso mental (como mucha gente aquí), pero no es sobre lo que me quiero enfocar.
Sea el clima que sea, esta persona siempre está vestida igual, tiene sobrepeso, y una cabeza gigante. Es difícil distinguir exactamente qué es, y quisiera un dia preguntarle – nadamas para satisfacer mi curiosidad.

La Cajera Redondita
Sí, la veo en su trabajo cada vez que voy al super, y eso no cuenta. Es una cajera del “No Frills” que no debe medir más de 1.30 metros, y bueno, no hay forma bonita de decirlo, es gorda. No, no tiene unos kilitos de más. Con su baja estatura, se ve redonda, con eso les digo todo. Y si a esto aunamos que tiene cara de marranito, pues llama más la atención.
Pero apariencia física aparte, lo que más curiosidad me da es el horario de trabajo que tiene. Me la topo en todos lados, a todas horas – en las mañanas, en las tardes, los fines de semana, entre semana – y sin embargo cada vez que voy al super, ahi está. A menos que sean dos…

springfield

Y bueno, hay todo un mundo de gente que me topo cada vez que voy a un lugar en específico. La bola de vaguitos que se junta en la plaza del centro; el negro que trabaja conmigo que vive sus horas libres en el mall que está por mi casa; el señor que siempre va empujando un carrito de super por la calle que me lleva a mi trabajo; y la familia (la pareja y el bebé) a los que siempre veo en el mismo crucero, como si sus días consistieran de pasar de esquina a esquina en ese crucero.
A veces, Guelph me recuerda más a Springfield que a Guelph.

The Iceberg.