Hoy en la Historia…

Enero 28, 2009

Fue una época de catástrofes. México aún no terminaba de superar el sismo que sacudió la capital unos meses antes. El 28 de Enero de 1986, el transbordador espacial Challenger despegó para iniciar una misión espacial.
Como cosa hecha a drede, no se trataba de una misión normal. El mundo estaba expectante. La transmisión televisiva fue vista en miles de escuelas. Esto, debido a que en la misión viajaba una maestra, en lo que se suponía que sería el lanzamiento de un programa escolar.

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Sin embargo, el Challenger no llegó al espacio. 72 segundos después de despegar hubo una falla técnica (pensar en todo lo que pasó debido a un empaque de hule…) y la nave se desintegró prácticamente en el aire, ante la mirada de millones de televidentes. Yo incluído.

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Esta no fue la última tragedia de 1986. Faltaba que estallara un cierto reactor nuclear en Chernobyl, Ucrania (entonces URSS); que se estrellaran unos cuantos aviones (entre ellos un Mexicana y un AeroMexico), se hundiera un barco con 600 personas en Bangladesh… y que decir de la muerte de Cliff Burton, bajista de Metallica. Aunque para muchos (mexicanos), el peor desastre de 1986 fue haber perdido en penales contra Alemania, en pleno mundial en Mexico. Chale.

Pero bueno, hablando de Challenger, pero pasando a temas más ligeros, qué tal el Challenger 2009 de Dodge? Bonito, no? No me regalan uno?

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De ese color está bien. Gracias!

The Iceberg


Traducciones De Mierda

Enero 27, 2009

Me acuerdo cuando “heredé” (OK, OK me volé) la colección de discos de mis papás. Recuerdo aquellas tardes en el viejo estéreo (jajaja en ese tiempo se les llamaba “tocadiscos”… y sí, también tenía “tocacintas”) grabando en cassette las canciones favoritas de esos discos. Canciones como “Satisfacción” y “Bájate de mi Nube” de los Rolling Stones.

Que?? Que yo recuerde, los Rolling Stones jamás grabaron un LP en español. Y no, no se trataba de una grabación en español. Simplemente, en aquellos tiempos se acostumbraba traducir al español los nombres de las canciones. Vaya, si mal no recuerdo, los títulos en inglés ni siquiera aparecían. Los discos de 45 RPM de mi mamá sí aparecían en inglés, pero porque ella los había comprado en Estados Unidos, o en Inglaterra.

Después, cuando yo ya era un poco más autosuficiente y me podía comprar mis cassettes (dicha sea la verdad, empecé mi colección de música comprando LPs… así de viejo estoy – ja!), la tendencia era poner los títulos originales (en inglés) de las canciones, con la traducción entre paréntesis. Esto, obviamente, en los cassettes que compraba en México. En ese tiempo prefería irme a Brownsville o a McAllen a surtirme de música. En realidad no se trataba de malinchismo, simplemente en mi pequeña aldea los únicos lugares para comprar música eran las tiendas de autoservicio, y no son particularmente reconocidas por su amplio catálogo de música, en especial lo que se conocía como “rock pesado”. En esa época, lo que acostumbraba era comprarme revistas como Hit Parader y Rip, hacer listas de los grupos o albums que aún no tenía, e irme a surtir de aquél lado de la frontera. Otra razón menos importante para hacer mis compras en la unión americana era evitar tener mis cassettes de Dokken o de Skid Row con una estúpida franja plateada con la frase “SERIE ROCKER” tapando parte de la portada. Y además, era mas padre tener los cassettes con los títulos originales, sin traducciones baratas al español.

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Tuve la suerte, por ejemplo, de comprar el “…And Justice For All” de Metallica en Estados Unidos, mientras que muchos de mis amigos tuvieron que conformarse con comprarlo en Gigante. Así que mientras yo rockeaba con “The Frayed Ends Of Sanity”, elloc hacían lo mismo con “Los Límites Rasgados de la Sanidad” (traducción oficial del nombre de la canción).
Por otro lado, tuve la mala suerte de que alguien me arruinara de por vida el poder escuchar un album de Motley Crue. Cada vez que lo pongo se aparece en mi mente el pendejo ese que estaba en la prepa que presumiendome que era muy “metalero”, me dijo que acababa de comprar el de “Grítale al Diablo”.

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Puede ser que me equivoque. La verdad no he comprado CDs en México en años. Pero estoy en el entendido de que ya no hacen eso. Y qué bueno. Porque no me gustaría ir a comprar el “No Importa” de Nirvana, para escuchar “Huele a Espíritu Adolescente” (no creo que tuvieran el tino de mencionar el nombre del desodorante). No quisiera comprar “El Titiritero” de Metallica, el “Hemos Venido Por Todos Ustedes” de Anthrax, o el “Un Asunto de Vida o Muerte” de Iron Maiden. Me dolería en el alma ver eso.
Ja! Ja! Nadamas de imaginarlo… me vienen miles de nombres de albums y de canciones traducidos. El “10,000 puños” de Disturbed. El “Frasco de Moscas” de Alice In Chains. El “Caca” de Green Day. Y nadamas de imaginar un CD de Cannibal Corpse impreso en méxico con los títulos de las canciones traducidos…
Y qué bueno que no soy fan de Britney Spears, porque imagínense tener en su colección de música el “Chin! Lo Hice Otra Vez”.

The Iceberg.

PD
Alguien tiene el “Se hacen trabajos sucios barato” de AC/DC?


Let’s Go MEXICO!

Enero 24, 2009

El título de este post no es una porra hacia algún equipo representativo de la República Mexicana. Me prometí a mi mismo no volver a perder el tiempo apoyando a la selección nacional (de futbol), sino hasta que lleguen MÍNIMO a cuartos de final en alguna competencia decente.

No, el título lo tomé prestado del librito que quiero mencionar. Es una especie de guía para turistas. El “Let’s Go” como que es el nombre de la serie, y el Mexico para que se los explico? Es la edición del año 2000, para aquellos que quieran buscarlo para corroborar que lo que aqui digo es cierto.

No lo he leído a fondo. El libro llegó a mis manos la noche del Super Bowl del 2008, cuando me quedé a dormir en casa de mi hermana. Al no conciliar el sueño a la misma hora que ellos, tuve que buscar en qué entretenerme. Leí un par de cosas, me reí, y no lo volví a agarrar. Se lo pedí prestado a mi hermana con la intención de leerlo, pero apenas hace ratito me lo acabo de encontrar. ¿Quién iba a decir que limpiar tu casa de vez en cuando tendría sus recompensas?

Busqué en la sección de Tamaulipas la ciudad en la que viví tanto tiempo. Pero por más Matamoros, Reynosa, Laredo y Tampico que veía, Ciudad Victoria nadamás no aparecía. Sí, es una ciudad chica, insignificante en el espectro nacional (y mundial), pero al fin y al cabo es la capital del estado. Tendría que ser mencionada, no?
Bien, al no encontrarla, me fuí al índice, donde vi que en efecto, sí hablaban de la ciudad. En las páginas 297, 298 y 299. Regresé al texto, y efectivamente, ahi venía la información acerca de Ciudad Victoria. EN EL CAPÍTULO DE SAN LUIS POTOSÍ.

Después seguí hojeando el librito, y me topé con un párrafo que habla de Cuernavaca, o Guanajuato, o una ciudad de esas famosas por bonitas y coloniales. El párrafo narra que en México es costumbre que los niños se sienten en las bancas de los parques a leer REVISTAS PORNOGRÁFICAS. De ser cierto, me perdí de esa tradición en mi niñez, pero la verdad lo dudo.

Esos dos errores (osotototes, diría el perro Bermudez) los descubrí en 5 minutos que tuve el libro en mis manos. Me pregunto qué otros enigmas tendrá México según estos pendejos. Por lo pronto, ya me hicieron potosino.

The Iceberg.


Caifancitos!

Enero 22, 2009

Corría el año de 1994 cuando empecé a trabajar en una tienda de discos. “La Mina” se llamaba. Dicha tienda se distinguía de las demás por ser una tienda (supuestamente) especializada en CDs y cassettes de rock. El “supuestamente” tiene lugar en mi narración porque de vez en cuando habían discos “colados” de gente como Rodrigo Vidal. Cómo llegaron ahí, aun no me lo explico.
Anécdotas de esa tienda tengo muchas. La niña que lloró porque se nos había agotado el “Dookie” de Green Day y que posteriormente fue mi noviecilla durante un mes; el famoso incidente del CD de Rata Blanca; el día que estúpidamente me desvié el tabique nasal (cosa que hasta la fecha afecta mi forma de respirar, especialmente a la hora de acostarme); la vez que ordenamos comida de todos los lugares que se nos ocurrió para que la entregaran en la estética de los jotos de enfrente… En fin, fue una buena época.

Dicen que mucha gente me tenía miedo. No nadamás por mi “look”, sino por mi “atención al cliente”. Eso del famoso incidente del CD de Rata Blanca es un ejemplo. Una ocasión llegó un pedido de CDs, y a mi parecer (como si yo tuviera decisión en el asunto…) había demasiado “Rata Blanca” y muy poco “Megadeth”, por lo que hice mi berrinche, y uno de los CDs de Rata Blanca fue y se estrelló en la pared del otro lado del local. Naturalmente, fue la última copia en venderse. Pero cuando llegó un cliente buscando llenar sus oídos con semejante basura, le entregué el CD. Mientras esperaba a que me entregara el dinero, el sujeto (en todo su derecho) comentó que la cajita de plástico estaba un poco maltratada. “Hecha añicos” hubiera sido una descripción más realista. Lo único que evitaba que los añicos cayeran al piso era el celofán. Yo lo volteé a ver fijamente, y le pregunté “LO QUIERES, O NO?”. Le di su cambio, y se fue, casi corriendo. Era bien mamón.

Fue en ese tiempo cuando acuñé el término de “Caifancitos”. Lo utilicé para describir a uno de los segmentos de la población que acudía a la tienda. Por extensión, el término también describía a los que no acudían, pero no tenía trato con ellos.

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CAIFANCITO
Dícese del sujeto que disfruta de la escena rock latinoamericana, cuyos principales exponentes en aquella época eran los Caifanes. El “caifancito”, por lo general, tiene un intento de pelo largo (aunque un tanto descuidado), viste playeras negras (éstas pueden ser completamente negras, o representativas de grupos de rock), puede ser visto frecuentemente con pulseritas de piel, y cree que los máximos exponentes de la música rock son los Caifanes, El Tri y Cafe Tacvba. Consideran a La Maldita Vecindad y a Botellita de Jerez como rock clásico. Sus conocimientos acerca del rock en inglés se limitan a Metallica, Guns N’ Roses y Pantera. A pesar de esto, son respetados dentro de sus respectivas comunidades como “roqueros”. Llegan a tiendas de discos preguntando por CDs de Rata Blanca, ignorando el inventario de Ministry, Kreator, o demás agrupaciones extranjeras que cantan en inglés. Y cuando van a “tocadas”, les encanta manifestar su afición por el rock haciendo una muy mala versión de lo que se conoce como slam.

Quizá en el DF se les conozca como chavos banda. Yo los conozco como caifancitos.

The Iceberg.

PD
El término caifancito no aplica a aquellos que en verdad disfrutan y conocen el buen rock.


Me c@g@ que h@g@n cos@s @sí…

Enero 19, 2009

Iba a escribir esto desde hace unos días, pero me quedé esperando una imágenes que nunca llegaron. Si algún día llegan, las incluiré. Si no, con estas tres tendrá que bastar.

Una cosa que siempre me ha molestado, por alguna razón, es que los negocios a los cuales acude uno a rentar una computadora con internet, mejor conocidos como cybercafés, o chats, hagan uso indebido de símbolos a la hora de rotular su establecimiento. Específicamente, cuando sustituyen la letra “a” por un símbolo que en inglés representa “en”. La arroba.

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Una cosa es que gracias a la internet este símbolo haya obtenido más fama (principalmente porque aparece en las cuentas de correo electrónico), y otra muy distinta es que haya gente pendeja que diga “ira! parece una a! Vamos a ponerla en nuestro negocio, al fin que nuestro negocio es de internés!”. Estúpidos.

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Tambien me caga que la usen para condensar géneros, como en el caso del ejemplo siguiente. En lugar de explicar que se desea convivir con los amigos y las amigas, ahora resulta que la gente tarada prefiere explicar que desea convivir con su amig@. Pero bueno, eso todavía tiene una connotación práctica.

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Pero utilizar la arroba como si fuera la letra a, eso me pudre. Las tres imágenes fueron tomadas en Ciudad Victoria, y sinceramente desconozco si esto es un fenómeno exclusivo de la capital tamaulipeca, o si se da en otras partes de la república. O de latinoamérica.

Los convoco a que me manden más imágenes de este tipo, para armar toda una colección. Mándenlas a iceberglandia@gmail.com. Ven? Este es el uso correcto de la arroba.

The Iceberg.


1/24

Enero 17, 2009

No es que se me de mucho eso de la matemática… pero por alguna razón tengo la tendencia de dividir el tiempo en fracciones. Por ejemplo, antier terminó la primera quincena de enero. O dicho de otra manera, 1/24 del año.
La forma extraña en la que mi cerebro funciona me hace formularme preguntas como la siguiente: “Que sería mejor: seguir el año día a día, o vivir esta vigésima cuarta parte 24 veces?”

Por un lado, qué aburrido sería vivir 24 veces la misma quincena. Pero por otro, eso me garantizaría vivir una vez a la quincena cosas que normalmente no se me dan. Ver a mi hija. Estar en clima agradable. Convivir con mis amigos. Ver a la familia. Comer en lugares como “Don Prisci” y “Tacos Orientales”.

Por otro lado, qué rapido pasa el tiempo, cuando uno lo piensa en fracciones. Chingado, en dos semanas ya va a haber pasado 1/12 del año!

The Iceberg.


Una muy mala “dining experience”

Enero 14, 2009

Una de las cosas que más me cagan de México (y no es que sea exclusiva de México – también en Canadá se dá, y supongo que en otros lugares del mundo tambien – pero en México, o en especial en Ciudad Victoria se da en exceso) es que un establecimiento no sea capaz de proporcionar los productos o servicios que ofrece. Ejemplos de esto hay miles. Vas al tendajo por cigarros, papel de baño, etc, y te salen con que no hay. Si yo tuviera un tendajo, trataría de comportarme competitivamente ante la invasión de OXXOs que están surgiendo en cada esquina. Pero incluso en los OXXOs sucede esto del “no hay”.

Otra cosa que me caga, hablando de productos y servicios, es que las empresas contraten gente que no está preparada para hacer su función. Gente que se queda con cara de “What?” con preguntas simples.

Cuando esas dos cosas se juntan, todo resulta en tragedia. Más aún, cuando es un lugar al que consideras entre tus “favoritos”. Lo cual nos trae al tema de hoy.

Hace dos años, cuando fui a Victoria de vacaciones, descubrí un restaurant llamado “Los Alambres”. Buscando un lugar donde sirvieran cortes de carne con mi novia, opté por visitar un lugar llamado “La Casa Vieja” donde había ido en un par de ocasiones. Cual fue mi sorpresa, que “La Casa Vieja” ya no existía, y en su lugar, un restaurante nuevo. “Entremos”, dije, y descubrimos que era un lugar chingón. Entre otras cosas, su corte “New York” era de 24 onzas. En contraste, los “New York” que pido aquí son de 16 onzas.
Mi novia y yo disfrutamos tanto la experiencia, que cuando un año después volví a ir de vacaciones, regresamos ahí. “Los Alambres” se había convertido en “nuestro lugar”, en ese sentido ñoño en el que las parejas tienen un lugar favorito.
En esta ocasión decidimos ir una vez más, y yo estaba preparado para hablar de la experiencia en este, su blog. Quería tomarle fotos a la comida, al lugar, y pintarlo ante el mundo como la chingonada que era. Pero el destino tenía otros planes. Esta es la historia.

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En camino al restaurant, me topé con un amigo, quien se ofreció a llevarnos al restaurant. En el trayecto mi amigo mencionó los playoffs de la NFL, cosa de la que ni me acordaba en el momento. Quizá porque en vacaciones uno tiende a perder la noción de la semana.
Llegamos al restaurant, que es, en sí, una casa vieja. De ahí el nombre del establecimiento anterior. Cada uno de los cuartos está adornado, la verdad muy “mono”. La novia y yo optamos por ir a la mesa de siempre, en una de las “recámaras” de arriba. La estaban trapeando, por lo que esperamos un rato y finalmente nos sentamos.
“Gustan algo de tomar?”, preguntó el mesero. La novia pidió una limonada, y yo pedí la michelada de a litro. Un rato después llega el mesero, con una limonada y una michelada de tamaño normal. Le aclaré que yo había pedido la de litro, y pude haber regresado esa. Pero sabía que a la novia se le iba a antojar, asi que yo, actuando “en buena onda”, le dije al mesero que dejara la micheladita en la mesa, pero que me trajera la de litro. Le pedí que si por favor me podía poner el partido de americano en la TV, y me dijo que sí.

Pasó un rato, y el mesero se asomó a ver si ya estábamos listos para ordenar. Cabe mencionar que ni una botanita ni nada nos había puesto en la mesa. Fue hasta que le pedí una orden de guacamole que se le ocurrió llegar con toda la botanita. El totopo, la salsita, etc.
Hablando de guacamole… una pregunta. Existe una diferencia entre “guacamole” y “aguacate molido”? Según yo, el guacamole va preparado con chilito, tomate, cebolla, cilantro y jugo de limón. Pero a lo mejor lo soñé.

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La TV seguía apagada, así que le recordé del partido. Que en qué canal estaba, me preguntó el guey. Como si yo supiera. “Pues no se, busca en TV Azteca o en Galavisión”, le recomendé, y se fue.

Pasó otro rato, y llegó el guey a tomarnos la orden. Mi vieja pidió un pescado, creo que un huachinango. Yo pedí mi New York. Preocupado por que el corte de carne hubiera cambiado de tamaño, me atreví a preguntarle al mesero de cuantas onzas era. Él, muy seguro de sí mismo, me respondió que de una onza. Pendejo. Todavía le especifiqué que deseaba mi corte cocinado a término medio.

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Un rato después sube el mesero a informarle a mi novia que no había huachinango. Que solo había pescado de granja. Ante esto, mi novia hizo algo que me caga. Pidió una orden de tacos. Esto me caga porque por 4 tacos te cobran un ojo de la cara. Además, para tacos, a la calle. No? En fin, los tacos venían en tres opciones: pollo, bistec y sirloin. Ofrecidos en tortilla de maiz, o de harina. Cuando ella los pidió mixtos, ella entendió, y yo entendí, que los quería surtidos de las opciones de carne. El mesero no. Cuando se los trajo, se los trajo todos de sirloin. Creo. Eso sí, mixtos. 2 tortillas de maiz, y dos de harina.

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Esto del meserito inepto ya me estaba colmando. En eso regresa, y prende la televisión. “Ah!”, dije. “Finalmente se acordó que le había pedido ver el partido de americano!”.
Cual fue mi sorpresa al ver que una persona adulta, de sexo masculino, y con las suficientes capacidades mentales y motrices como para obtener un empleo resultara incapaz de distinguir entre lo que es el futbol americano y lo que no lo es. Cuando ví que muy amablemente me había sintonizado un partido de rugby, me paré y apagué la televisión.

Mil cosas pasaban ya por mi mente. No estaba disfrutando mi estancia en el restaurant. Pero, dije, eso está a punto de cambiar. Un corte New York a término medio me hará sentir mejor.

Y en eso que sube el pendejo este, a decirme que se acaban de dar cuenta que no hay New York. Que si quiero otra cosa. “No, gracias”, le dije encabronado, sin siquiera voltearlo a ver. Si fuera el pinche Vips, o el McDonalds, o cualquier otro lugar genérico, quizá hubiera pedido otra cosa. Me hubiera conformado con otra opción. Pero en esta ocasión, chingado, yo quería un New York. Por eso fui a un restaurant “de los caros”. A pedir lo que YO quiero, no a escoger de lo que haya. Vayanse a la chingada, entonces. No pido nada y me atasco de totopos.

La novia se apiadó de mi y me compartió de sus tacos. Ella me conoce bien. Sabe bien cuando estoy encabronado, y al parecer conoce bien mis berrinches. Aunque yo no se lo dije, ella (jaja, las viejas y su “sexto sentido”) entendió que yo no quería cruzar una palabra más con el meserete. Fue ella quien pidió la cuenta.

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Casi me da un aneurisma.
No es que sea tacaño. Pero a quién le gusta pagar 145 pesos por 4 tacos, nadamas porque llevan queso y guacamole? A quien le gusta pagar 56 pesos por un aguacate molido? $68 por lo que a fin de cuentas es una caguama con limón y chilito? Y todo en un ambiente en el que te la estás pasando de la chingada (aclarando, me refiero a lo que sucedía, no a la compañía)?
Puse un billete de $500 en el folder, y minutos después el meserito me regresó el cambio. Para empeorar un poquito más las cosas, la mayor parte del cambio me la regresaron no en billetes, sino en pinches monedas de 5 pesos. Justo lo que necesitaba, salir de ahi cargando con un kilo de monedas.

No soy mamón. Al menos no tanto como parezco. Pero para mi, la propina se deja en agradecimiento por un buen servicio, es una cortesía que el cliente deja cuando se va satisfecho del lugar. Tan no soy mamón, que cuando sí disfruto una comida en un restaurant, la gente que me hace compañía me reclama que porqué dejo tanto de propina, si “solo es el 10%”. Pero en esta ocasión fue distinto.
Le dejé un peso de propina al pendejo ese.
“Pero Iceberg, porqué un peso? Mejor no le hubieras dejado nada!”, dirán ustedes. No. Si no le dejas nada, lo dejas con el concepto de que eres un codo. Pero si le dejas un peso, lo dejas con la impresión de que su servicio estuvo de la chingada. Lo cual, por mucho, fue la realidad.

Sobra decir que no está en mis planes volver a pasar por ahí. Para chingaderas, mal servicio y “no hay”, mejor me voy a “Gorditas Doña Tota”.

The Iceberg.


Se acabaron las vacaciones…

Enero 11, 2009

…con todo y que me tomé una semanita de más. Eso de “no hay plazo que no se venza” vaya que es cierto. Aún más cierto es aquello de “Time flies when you’re having fun”, o traducido, “el tiempo vuela cuando te diviertes”.

En fin, ya fui y vine. La pasé bien, hice cosas que quería hacer, me quedé con ganas de otras (pero eso es siempre), vi gente, me faltó ver gente, me faltó ver más a la gente que vi. Pero eso ya lo sabía. Es imposible ir 3 semanas y hacer TODO lo que uno desea. Sobre todo cuando ese “uno” no tiene todos los medios para desenvolverse (entiéndase vehículo – o conocido con vehículo). Más aún cuando la gente a la que ese “uno” va a ver no deja sus intransigencias por un lado (ejemplos de esto: me quedé con ganas de ir a desayunar a un lugar que me gusta mucho, porque una persona intransigente con quien había hecho el plan optó por ir a uno de esos restaurantes de cadena tipo Vips porque asi es su rutina; me la pasé un total de 9 horas y media de tiempo aproximado esperando saber de otra persona intransigente que vive bajo la impresión de que todos tenemos su tiempo; y ya al despedirme, más de uno me echó en cara que nunca se hizo el plan X o el plan Y, astutamente olvidando que ellos jamás marcaron mi numero y solo los ví porque fuí yo quien los buscaba). Ejemplos sobran, y no es la intención quejarme.

Lo que sí, que difícil fue regresar. Siempre lo es, pero en esta ocasión lo fue aún más. Finalmente regreso porque de aqui es de donde sale para poder ir allá, pero en lugar de lamentarme por las cosas debo enfocarme en mejorar las situaciones en ambos lados. Esa es mi mentalidad ahora que regresé.

En Canadá, hasta ahorita, ha sido una misión mi estancia más que una vida. Sí, la lana. No es que me paguen una fortuna, pero ya convertida a pesos mexicanos, jamás ganaría eso allá. Pero no le he hallado el modo a lo que es la vida social (eso, o la gente aqui de plano es demasiado mierda). He intentado fomentar relaciones de amistad, pero pocas veces resulta algo más que una invitación a un bar y un saludo en el trabajo. Mi trabajo, como quienes conocen lo saben, me caga. Y me caga mas ahora que ya no tiene los atractivos que solía tener. No hay tiempo extra, por ejemplo. Eso a fin de cuentas pesa en la cartera.

En Mexico tengo todo lo que me falta aquí. Pero me faltaría lo que tengo aquí. El ingreso, que a fin de cuentas es lo que me permite estar en ambos lados. Con un sueldo de Mexico no podría venir a Canadá de vacaciones como lo hago yendo de aqui para allá.

Y en muchos sentidos, tristemente, Mexico ha adoptado muchas cosas que se dan por acá. Más adelante escribiré acerca de algunas de ellas, pero en resumen la vida ya no es tan barata allá (aunque los sueldos siguen igual), los restaurantes ya se “modernizaron” y no te dejan fumar en ningún lado, y lo peor… lo más triste, es igual de difícil encontrar productos mexicanos allá que aquí.

Pero claro que tiene sus cosas buenas estar en Mexico. Más allá de ver seres queridos y comer comida rica. Encuentro muchas cosas buenas que la mayoría de la gente (yo incluído, hasta hace poco) dan por hechas, que ya en una vida en Canadá se convierten en difíciles. El poder fumar en tu casa, el poder tener una mascota, el poder intercambiar telefonos en una fiesta donde conociste a alguien.

Mas que una queja, escribo esto para leerlo en un futuro (como me encanta leer las pendejadas que he escrito) y recordarme a mi mismo que me prometí ya no quejarme sino tratar de mejorar las cosas.

Mañana me incorporo al trabajo que tanto odio, y empiezo a contar los meses y las semanas que me faltan para poder convivir con la gente de allá, fumar bajo techo, y quejarme inversamente del clima (acá es “pinche frío”, ya quiero poder quejarme del “pinche calor”). No estoy en una posición envidiable en estos momentos. Lo estaba antier. Y ya lo extraño.

The Iceberg.