Adiós, sincuello!

Septiembre 11, 2008

Oh, no! Y ahora qué haremos!? Pfffft!

The Iceberg.


Extraño las buenas pedas!

Septiembre 8, 2008

No me malinterpreten, no he dejado de tomar. Jaja, todo lo contrario. Pero lo que extraño son las pedas con mis amigos de allá de mi aldea.
Las extraño en dos sentidos. Por un lado, extraño a los amigos en si, y los buenos ratos que pasábamos en las pedas. Siempre se extrañan. Y esque lo que pasa es que acá en Canadá, y no es que no tenga amigos, como que no se maneja tanto el hacer una peda. Acá son mas de irse a empedar a un bar, y yo la verdad prefiero una peda en un lugar menos concurrido, por las siguientes razones:
1. Me caga estar rodeado de gente desconocida, y aunque el “taco de ojo” nunca cae mal, el simple hecho de estar apretujado entre una bola de gueyes de los cuales al menos la mitad ya está peda no es de mi total agrado. Nunca sabes como van a reaccionar si accidentalmente les tiras el pomo, o los pisas (o los “ves feo”).
2. Si me empedo en mi casa, o en casa de un amigo, a menos de que sea algo en verdad memorable, no corro el riesgo de que la policía me lleve arrastrando a una celda a pasar la noche.
3. En un bar o antro, una cheve puede costar hasta 5 dólares. Si multiplicamos, con 6 ya son 30 dólares, con lo que me puedo comprar un 24. Y eso, amigos míos, es administrar el patrimonio.
4. En un antro hay de dos: o hay un grupito de pendejos tocando muy malos covers, o ponen música que difícilmente es de mi agrado. En mi casa, puedo poner la música que yo quiera.
5. En una peda “casera” normalmente no hay límite de tiempo. Te puedes amanecer, si así lo deseas. En un antro, a las 2 de la mañana ya te andan corriendo.

En una ocasión sí invité a un amigo, y la pasamos con madre, escuchando a Ministry. Pero el problema cuando agarras la peda con alguien del trabajo es que invariablemente terminan platicando cosas relacionadas con el trabajo. En esa ocasión me acabé una de ron, y él casi se terminó una de vodka. Le tuve que ayudar.

La otra cosa que extraño, en un sentido más relativo, es la calidad de las pedas con mis amigos. Han habido unas muy buenas, en las que rockeabamos, hacíamos pendejada y media, y se armaba muy bien el desmadre. Siempre quedaba alguna anécdota. Ahora, ya más adultos, la calidad de las pedas ha descendido al grado de que, con un grupo de amigos, la cosa siempre termina en estar hablando de política. Con otro amigo, todo termina en estarme presumiendo sus juegos de XBox. Y con otro grupo de amigos, pues como que llevan a las novias y todo termina en estar intercambiando tonitos de celular.
Casi nunca participé de pedas “decadentes”, pero sí hay unas que recuerdo con agrado:
a) una vez mi amigo Armando y yo nos amanecimos tomando “caguamas” en una cancha abandonada de basquetbol, riendonos de pendejada y media, como las traducciones que le dan en español a productos de origen gringo, como marcas de cereal y títulos de películas.
b) Una vez, cuando todavía era un polluelo en esto de las pedas, me amanecí con Javier, un amigo, tomando brandy Viejo Vergel. Nos acabamos el pomo, y le seguimos con una preparacion para piña colada de Bacardí (sin alcohol, pero en ese momento no sabíamos).
c) las buenas pedas en casa de José e Iván, en las que la noche terminaba en discutir una hora con Emigdio para quitarle las llaves del auto (y que a fin de cuentas terminábamos escoltándolo a su casa).
d) la peda en casa de un amigo de nombre Jaime y apodo “el veneno”, en la que terminamos destruyendo la casa. NOTA: Esto sucedió antes de que Metallica hiciera el video de “Whisky In The Jar”, o Robbie Williams hiciera lo mismo con “Come Undone”.
e) la que me puse una navidad. Empecé en casa de unos amigos, le seguí en casa de otros amigos, amanecí en casa de otro amigo, y finalmente me quedé jetón en mi casa como a las 9 de la mañana, mientras mi estéreo tocaba, en repeat y a todo volúmen, la canción de “Rosas” de La Oreja de Van Gogh. No, ni yo sé qué pasó ahí.

En fin, hay muchísimas más. Pero cómo extraño aquellos tiempos. Ah, y la foto no es mia (bueno fuera). La saqué del Google.

The Iceberg.


Mi primer amor platónico

Septiembre 3, 2008

Jajaja… me acuerdo cuando estaba perdidamente enamorado de Soleil Moon-Frye, la protagonista de la serie “Punky Brewster”.

Vaya, a mi escasa edad, no pensaba en el amor como tal. No, tampoco pensaba cochinadas (contrario a lo que parezca, de joven sí era bien inocentote). Simplemente me movía el tapete de maneras que no sabía expresar.
Me la pasaba tratando de averiguar de qué manera podía establecer contacto con ella. Quería ser su amigo, y dentro de mi inocencia, pensaba que bastaba con escribirle una carta y que me la contestara. Tristemente, en esos tiempos no había internet, no podía conseguir su dirección, mucho menos galerías de fotos ni información personal. Mi carrera como acechador de celebridades se vió truncada por eso.
Lástima, porque se puso muy bien ya de grande. Aunque si mal no recuerdo, en alguna ocasión salió en una mierda de programa que se llamaba “Saved By The Bell” y se veía medio rellenita.

Ya casada y con dos hijos. Pero al menos me queda el consuelo de haber sido su fan número uno en la infancia.
Digamos que no puedo ser fan de sus trabajos mas recientes. Según IMDB.com, del 2000 pa’cá ha salido en joyas artísticas como “Sabrina” y la película de las Bratz.

Ahi luego les cuento mi segundo amor platónico.

The Iceberg.