Confesiones de un estúpido

Hay un guey en mi trabajo, que es el típico naco canadiense. Naco, con N mayúscula. Pendejo, huevón, mezquino, mañoso… de esos que se gastan media quincena en la “dollar store” (tipo Waldo’s) comprando chingadera y media, según él por práctica, pero que solo lo hacen ver mas naco. Cosas como un clip para la visera del coche, con un resorte, para poner el encendedor. Una gorra sin visera con imagenes de llamas. Se lleva una silla de esas para la playa, para sentarse en los descansos. Y por si todo eso fuera poco, el guey pesa 350 libras.

Ayer, en la hora del descanso, nos encontrábamos varios compañeros y yo afuera de la planta. Unos comiendo, otros fumando, otros bebiendo café. Entre ellos, mi jefe, un guey originario de Rumanía.

No sé cómo salió la plática, pero mi jefe hizo alguna especie de comentario relacionado con su país, a lo que el naco dijo la siguiente estupidez:

“A poco Rumanía es como en las películas? Con todas las casitas con techos de paja?”

Sí, naco pendejo. Así es en la vida real Rumanía. Y tambien ahí vive Drácula, como en las películas.

No sé porqué me sorprende… después de todo, es el mismo idiota que cree que como soy de México, me la paso tomando tequila.

The Iceberg.

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